De noche inauguré de mis
labios,
la penumbra que
nos puebla.
De día reuní entre
manos,
tu voz delicada
abrazando mi alma.
De noche, entre
murmullos,
salí en busca de
flores,
para sembrar en tu
casa.
No hallé los
cerezos,
en qué
columpiándote estuve.
No estuvo el
geranio,
que rompí al
besarte:
Sólo hallé entre
brazos,
nuestro fuego
encendido.
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