jueves, 16 de abril de 2026

 


Una madre llora,

y luciérnagas

se esconden entre eucaliptos:

Madre de lluvias y cielos rosas

vienen a dormir donde morimos.

Enferma, inquieta, cautiva,

posa tu mano en mi frente

retorna el sentimiento caduco:

Tiembla sonora mi huida

he partido con rumbos inciertos

y, entre manos

la espera carga sus cartas.

sábado, 4 de abril de 2026

DOS CÁNTAROS



“Sobre el campo recién sesgado, reposaban dos cántaros. Eran similares, fueron creados por el mismo alfarero, el barro que los había formado venía del mismo lecho y las llamas del horno los terminaron el mismo día. Hablaban entre ellos:

-Estaré a lado del camino

-Yo también, un rato solamente. Sólo un rato.

-¿Sólo un rato?

-Iré a la sombra del álamo, a la sombra del álamo iré.

-¿Qué harás a la sombra del álamo?

-Descansar, naturalmente, naturalmente a descansar.

-¿Descansar de qué trabajo?

-De estar aquí, a lado del camino, naturalmente.

-Vaya. No sabía que estar a lado del camino fuera cansado.

-Es fácil para ti decirlo, naturalmente.

-¿Por qué?

-Pues siempre estás ahí, tan presumido, tan limpio.

-¿Por qué presumido?

-Sí, así, de estar casi brillante, bien recto en tu postura, al lado del camino, sin marcas del polvo.

-Vaya, hemos estado al lado del camino desde luna llena.

-Así es, naturalmente, desde luna llena hemos estado aquí. ¿No te cansas de estar tan limpio y aquí?

-Me preparo para ser útil. Cuido no agrietarme, y si alguna grieta aparece, no la dejo crecer y la resano.

-Qué cansado tener que estar aquí, a lado del camino, y además resanarse.

-Me preparo. Si el viento trae polvo, procuro alejarlo, por si me llenan con agua o trigo o leche, esté fresco y listo para alimentar.

-Que tonto debe ser luchar contra lo que no tiene remedio.

-¿No quieres también ser útil?- preguntó sin molestia el cántaro rojo.

-Claro que sí.

-¿Y cómo esperas ser elegido para ello?

-Cuando vea que me escogen, entonces cuidaré que mis grietas no se alarguen y limpiaré el polvo de mí.

Estaba por atardecer, y el cántaro azul pensaba: "Vaya, qué tarea será la suya si veinte lunas llenas ha dicho lo mismo desde debajo del álamo"; mientras, lleno de agua, era llevado a la carreta”.

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Fragmento de:

MONTAÑAS AL ESTE y otros cuentos 

LIBRO A VENTA 

jueves, 2 de abril de 2026

Fragmento Monarca Blanda

     Agua hierve en mi palma,

dátil oscuro en sosiego.

 

A su regazo mi taza va,

sirve miel de su mirada.

 

Roja, reservada y fría

rocía estrellas como la sal.

 

Sol maúlla sobre pilares,

sola mi alma sin sueño.

 

Hay que agotar las aguas

dejar que evaporen mis desvelos.

 

 

Y a quien soy de noche

hombro y hambre, lloremos.

 

A voz alta te queda,

corta la palabra de auxilio.

 

En mi tengo penitencia

y tus llaves permanecen.

 

En ti la melancolía

a tu almohada tatúa mi rostro.

 

Oigo que la guerra empieza

y que juntos somos paz.

 

De Lenin a Lennon el abismo

entre tú y yo tiembla infinito.  


Qué muros construyes para contenerme?  

Sobra decir se levantan conmigo dentro.

 

Desde oriente hasta Levante

procuras mi boca a tu cuello.

 

Once calendarios en hoguera

besos y caricias milenarios.

 

A dónde vas y me llevas?

Si nunca alejados me olvidas.

 

Es más rápida la lengua al hablar

como permanente y corta sobre la piel.

 

Conozco tus siglos y el idioma

cuando en sudor nos enfrentamos.


La puerta entreabierta no ve

que a escondidas nos hallamos.

 

Va tu mano en mi mano

van latidos sobre el armario.

 

Nupcial lecho en el suelo

tuvimos el hijo sobre cama.

 

A media ala recuerdo

la llaga convertida en tu vuelo.

 

Efímera, verde y tersa

andas con el adiós del regreso.

 

Instante tu voz fue reír

abrazados en denuncias recíprocas.

 

Sirve ahora el agua al café

después del llanto, se ha enfriado.



 

  Una madre llora, y luciérnagas se esconden entre eucaliptos: Madre de lluvias y cielos rosas vienen a dormir donde morimos. Enf...