sábado, 15 de junio de 2013

Pasta Toreles



VI

Azul de mi inocencia abrazo, desnudo, al desnudo
sobre el cabello alborotado de las luciérnagas andantes
y es, a esa hora
cuando el maple baila tango en domingo
mientras un lunes se acurruca en sueño.

Hay memoramas en el calendario
que a media luz exhiben su inhibición:
En el crepúsculo de este mes nos despedimos
sin decir adiós
sino hasta luego,
compañeros de vida:
Me toca abrir los goznes al desierto
revivir mi olvido de su tumba
y caminar al filo del abismo:
Si me esperan, recuerden, tener a mano cigarros y vino,
volveré tan vivo como muerto
tan amargo y desconocido
que en su familiaridad les tocará enseñarme la vida.

miércoles, 12 de junio de 2013

Extracto de "Cansado de despertar"


Luna creciente que en mi estanque
resbala, oscila
mantiene el licor
y condensa
mis latitudes esparcidas en besos ajenos.
He leído tus sabores, tristeza
de Georgia a Singapur
en Guadalajara y La Constancia,
en Tres Molinos e Ignacio Ramírez
y mi herida crecía al volver
a indagar
sobre las sábanas descosidas en el suelo:
Fue mi almohada quien retuvo la embriaguez
posterior
a tu brillo fugaz
donde consumimos la libertad enclaustrados.
Ahora, tristeza, nos olvidamos del corazón hasta el hígado
sin desvanecer la toxicidad de nuestra ausencia;
porque pudiste ser real
en mi ficción
y parecía andar cerca la soledad
a tu lado
entre nosotros
susurrando la eterna búsqueda de lo invisible
oculto en mis cavernas.
Hay un sismo cuando falseas tu llanto, tristeza
la luna se llena como mi vaso se divide
y caen
ruedan
caen
y ruedan
los témpanos de los rostros
y el sudor en el colchón:
Es tiempo de anunciar una metáfora
donde pierdan la razón los científicos y alquimistas,
los curas y los corredores,
las amas de casa y el camarero de afuera;
en realidad nada importa…
Nada…
La luna mengua dentro de mi vaso
y vuelvo a rellenarlo hasta el borde.

viernes, 17 de mayo de 2013

Extracto de LONSDALEITE



-Enciende el tocadiscos del estéreo y apaga la luz, André; es magia.
-¿De qué hablas?- tomando el disco negro que le extendía el otro hombre.
-Hay cosas que deben permanecer en su estado original.
-Está bien, papá.
Segundos más tarde, giraba a dos metros de distancia del cuarto de estar el disco de vinil After the rain; Muddy Waters inició con lentos tonos a esparcir sus efectos. Salvo una lámpara de piso encendida en la habitación principal, que iluminaba tenue desde su posición, sólo los cigarrillos en las manos de los dos hombres agrietaron la oscuridad. Se habían acomodado en los sillones de tapiz roto. Frente a ellos, en un televisor usado como mesa, colocaron las botellas de cerveza que abrieron un instante atrás. Existían pocos muebles para que el lugar fuera nombrado como casa, sin contar las cajas de archivos y los artículos de oficina y taller. Motores desarmados se atrincheraban tras un refrigerador, cajas de herramienta había sobre la tarja, y cables enrollados detenían los platos sucios de la cena. Del exterior, por la ventana panorámica en la sala de estar, ingresaron luces ámbar de calle mas la oscuridad de la noche. Era los suficientemente fresco como para saber que era octubre, pero cálido para estar sin chamarra dentro de la habitación con las ventanas abiertas.
André comenzó a entrar en un mundo extinto, del que han quedado remanentes en las memorias masculinas cuando se unen en soledad a beber y fumar, a percibir el volumen del silencio y la soledad en sus hogares. “Hogar: no siempre es donde se duerme”, se dijo André, luego deslizó la mano derecha a la parte trasera del 501. Constatando que la Glock 9 milímetros estaba en su sitio, regresó a la Corona de media sobre el televisor. Quitó de sus labios el cigarro y tras colocarlo en el cenicero de piedra, que fungía como frontera entre ambos cuerpos, bebió un largo trago. Algunas gotas cayeron en su playera blanca, cerca del cuello en V. Las melodías carecían de soberbia, pero eran la beatificación del dolor. Necesitaba algo frío diluirse en su garganta, que lo poseyera y le avisara que su cuerpo seguía manteniendo unidad con espíritu y mente.
Sostuvo la mirada en su padre. La playera desteñida, el pantaloncillo corto, los huaraches, la delgada moldura de los lentes, el ojo que “todo lo ve”, reconoció cada parte de ese rompecabezas que sirvió de guía y que le ayudó más allá de consejos: Apoyo incalculable que significaron una comida, un billete, una cajetilla de cigarros, o un refresco. De alguna manera se reconoció a sí mismo. Era evidente la similitud que tenían al estar en sus hogares.
-La primera vez que Muddy se escuchó en una grabación, no podía creer que era él. Después reprodujo de nuevo el disco y se dijo: “Lo puedo hacer, lo puedo hacer”.
-¿Lo conociste?
-No- lo había dicho de manera átona, pero con profundo significado-. Eso dijo en una entrevista que leí-. A su vez, André lo interrogaba sin la perspicacia usada durante las jornadas de trabajo, donde los interlocutores podrían ser testigos, víctimas, o sospechosos. Y raras veces los tres al mismo tiempo.
-Nunca lo había escuchado. Suena bien.
-Este álbum no se ha remasterizado, hasta donde sé.
-Pásame otra.
Su padre tomó un trago de la propia y alcanzaba desde su asiento la requerida. Sin abrir llegaba a mano de Lovedy, quien con el encendedor obtuvo el sonido característico de cuando sale el gas acumulado y flota una leve nubecilla en la boca de la botella. La colocó a un costado del sillón, junto a la vacía, y encendió otro cilindro extraído de la cajetilla de Marlboro. Sin saber porqué, eso le recordaba a las personas que piden sin dar nada a cambio, más específico las que en reuniones suelen encender cigarros y beber cerveza a destajo, sin haber aportado dinero ni tiempo para obtenerlo. “Pero yo traje el cartón y los cigarros, y con él no me incomoda compartir. Me ha dado más que la vida”. Tras su pensamiento dio otra calada. Los rasgueos en la guitarra eran dignos de colocar una y otra vez, repetirlos en la soledad de lo nocturno, avivarlos con alcohol para conflagrar el silencio de la casa vacía, sin mujer, sin preocupaciones, en el ilícito rincón donde los hombres excluyen las personas que quieren que se dejen los placeres de lado. No, ese placer tenía incalculable valor, y ahora lo aprendía. Lo recordaba, pues no era nuevo. “El paraíso”, pensó.
Su padre tenía la vista perdida, pero se percibió su compañía en la habitación. André cruzó la pierna izquierda sobre el muslo, y encima de las botas de trabajo cafés detuvo la mano derecha con el cigarro encendido.
-¿Recuerdas ese bajo que me ayudaste a comprar?
-¿El negro?
-Ése. Debo decirte algo- con un ligero silencio que indicaba el otorgamiento, su padre movió el ceño como indicación de espera-. Cuando andaba juntando dinero para la renta del apartamento; más bien el depósito; tuve que empeñarla. Iba a sacarla lo antes posible, pero no pude.
Su padre extendió el silencio y en él no había muestra de resentimiento o desilusión, su rostro era la viva imagen de la comprensión. Él no había tenido después de la infancia a su padre, por lo que de la propia experiencia exprimió lo que pudo para destilar el conocimiento, el sendero, la señalización del porvenir, y éste ahora era compartido con André en esas ocasionales visitas a Sanganacio. El disco terminaba y el padre dijo, señalando con el cigarro un rincón:
-Pon el disco de la derecha. El último.
André se incorporó del asiento y fue al estante donde estaban los cd´s y los discos de vinilo, luego se dirigía al tocadiscos. Leía el título a la luz del encendedor conforme iniciaba el carraspeo de la aguja sobre el plato giratorio: Johnny Winter Live, interpretando Muddy Waters, y colocó el vinilo.
Everything… Everything… Everything is gonna be all right this morning”, iniciaba tras aplausos Muddy a decir. La juventud terminaba en André. Con la familiaridad de Mannish Boy, mas la lírica de las palabras, el incienso de los días consumidos ascendía junto al tabaco y los olores de alcohol en los labios. Dos hombres personificaban la continuidad de la humanidad y la historia de todo HOMBRE, nada de niñerías, nada de cobardía, todo tomado con la determinación que un alma masculina comprende que debe hacer, tomar el camino entre lo que se quiere y el deber. Más que hablar, prefirieron el silencio. Si en alguna pausa movían la mirada, era suficiente para entender el significado. “Pásame otra, ¿me la abres?, enciende otro cigarro”.
-¿Ya no has ido a ningún partido?
-No, ya no- contestó el padre.
-A ver si te consigo pases para la final- pero no hubo respuesta. En el segundo rostro figuraba una calma absoluta.
Luego que renovaran las bebidas, cada uno empezó a contar sobre cómo las promesas políticas se estancaban, de cómo algunos vecinos preferían la inseguridad y de que el municipio Guadalupe Victoria estaba lo suficientemente retirado como para visitarlo cada fin de semana.
-No importa, así pasa- dijo André-. Uno no se fija en la distancia cuando se pica.
El clima enrarecido por el tabaco era capaz de incomodar a los pasivos, mas ellos estaban en el alba de la comodidad adquirida cuando se sabe que se está en confianza, una confortabilidad dada en territorio aliado, con paz. Dicho lugar fungió como hogar durante una temporada, y esto Lovedy lo sabía muy bien; días en que era tildado de rebelde, disidente, paria de leyes que no lo envolvían ni lo harían. De cada memoria bélica que en su mente figurara, ninguna sombra asomaba al estar con ese personaje.
Muddy hizo lo posible por abatir el sufrimiento que cada uno tuviera en sus almas, hasta que fue relevado por Creedence.
-¿Ya no te duele el pie?- inquirió el señor Lovedy.
-Ya no. Pero empiezo a sentir el dedo.
Tres días atrás un alacrán pinchó su dedo del pie derecho, y el dolor tuvo la misma ponderación que una bala en el hueso. Lo sabía por experiencia, mas de ello no hablaba con nadie ajeno a circunstancias laborales.
-¿Vamos a un billar?
-Es tarde.
-Sólo decía. Ya sabes que me recuerda esos lares la música de los Creedence.
Y su padre sólo bebió otro trago.
Momentos después una llamada al celular de Lovedy hizo que se escusara para retomarla en el baño.
-¿Qué pasa?
-Sólo quiero agradecerte lo que hiciste.
-Men, no ha sido nada. Ya sabes que cuido de mi gente, y tú, Fercio, eres fuerzas especiales-. Fercio rió, luego dijo: neta gracias-. Ahora, lo que te ocupa, es tu matrimonio, y haré lo que pueda por que vaya normal y sin sobresaltos. Apártame dos sillas en tu boda religiosa para mis barricas con cheve.
-Te pasas, André- y lo decía el recobrar el aliento tras volver a reír-. ¿Dónde andas?
-En la ciudad. Vine a cuidar mis bisnes. Todo tranquilo, por ahora.
-Está bien. We, amigo, neta gracias, y cuídate.
-Ya sabes que es lo primero que hago. Nos debemos más que la vida.
-Ni lo digas.
-Si actué fuera de tiempo es por mis situación que bien sabes.
-No lo menciones.
-Bueno. Pero de ahora en delante, ya sabes que ando resguardando la city.
-Eso es todo.
-Te dejo.
-Nos hablamos luego….
-El celular lo voy a tirar en pocos minutos. Pero sabes dónde hallarme.
-Sale.
-Hasta pronto.
André Lovedy cerró el celular luego de apagarlo y quitar la batería. Salió del baño y fue con su padre.
-Feliz cumpleaños- abrazando a Lovedy con un brazo y en la otra una cerveza.
-Gracias- y tomó la cerveza-. Esto es todo lo que esperaba en este día. Estar contigo. 

lunes, 6 de mayo de 2013

NINGÚN INSTANTE




Ningún instante al esperar
debe ser medido.
Siéntate, fuma, prende la radio
o sal al patio.
Cuando te preguntes:
¿Cuánto lleva planchándose el pelo?
No mires tu reloj.
Jamás.
Se arregla, se maquilla
ve una y otra vez su ropa y cuerpo,
los accesorios, las zapatillas.
Requiere cuidado.
Delicadeza, atención.
Incluso existe malicia mientras se viste
pues sabe que mil ojos subirán
y bajarán
por su cuerpo.
Espérala, fuma, siéntate, no mires el reloj
se está alistando para ti.

lunes, 29 de abril de 2013

LA MIRADA NEGRA




Tantas palabras hasta llegar a ti
mirada negra, tantos…
escrúpulos reunidos por civilidad.
Muchos silencios te anteceden
mirada negra, tantos
que se calcinan en los ecos.

Hemos cautivado la gloria en la presencia
que lo lejano no une
nos divide
y nos regresa al momento tuyo,
mirada negra
hasta colmar de pieles los calvarios
y de sacristanes a los mendigos.

Sean bastantes las agonías
mirada negra, tantas
que de ello hablen los moribundos.
Me voy por tiempo inestimado
mirada negra, por mucho
mas no lo suficiente para diluirnos.
Mirada negra
que la vista no ve lo que siente
el alma, la vida
el cuerpo
y esas minúsculas palabras que omito.
Porque en ti el yugo se mantuvo
y estaba enclaustrado el engranaje
de las fábricas, el café
la siembra, el riego
las carreteras y los manteles,
las comidas y la limonada
el crepúsculo y las películas
y cada noche que de mañana te remembraba
al tratar de volver a ti,
mirada negra,
por la tarde
ya tarde
o de noche casi de madrugada
para hacer que la vista te encontrara
amiga mía, mirada extraña
que la vida es corta para lo que me llama
y una cicatriz no anuncia
mas en la herida cerrada se preserva
cual cera derretida de un milenario altar vivo.

domingo, 28 de abril de 2013

La esquina en tu café



¿En qué momento de ayer
pensaste
en la retirada mañana
observando la estatua de la cúpula
durante el peregrino verano
que en sus manos me sostuvo
contra el cielo
en la cúspide del silencio?
El vestido de tu bicicleta se desmaquilla
me carga y rodamos
a través de la noche sobre mi bote
para desvelar las amarras:
Que preciso el ángulo de la luz
que invitaste esa tarde
a tu patio:
Seguían pataleando y corriendo las teclas
sin que sus anteojos te miraran:
Pasó un rehilete de la mano de un hombre
nos saludamos junto a las escaleras
y siguió el rumbo de su sombra.

sábado, 27 de abril de 2013

Dayana Sure

Hemos invadido el rincón entre el ayer y la resaca con frugales diálogos que se mezclan en nuestra noche. Sin conversar entendemos lo que somos, y fabricamos el arte de reconocernos con la piel...
The day after
Edvar Munch

miércoles, 24 de abril de 2013

Hace rato...

Le pedí a la estilista, expresamente, que realizara en la cabellera de mi prometida el peinado de Adele que tiene en el video de Rolling in the deep. Así sería lo más cercano que estaría feliz mi alma de casarnos.

domingo, 21 de abril de 2013

SAL DE ALMÍBAR




Sal de almíbar tiene su voz
que el viento escribe hacia el horizonte
y me escucha
me habla
los pensamientos.
Souvenirs de su piel férrica
coloreados en verde mate
cantan las diferencias
en el peso de una tecla
sostenida
por su mano.
Por la calle mezcla su melodía
hasta silenciar coches y transeúntes:
Vino a conocer la magia de su misterio
observándola como a un espejo:
Y su silencio es infinito
no hay distancia que la detenga
ni edades que la numeren.
Puede desaparecer multitudes
al igual que convocarlas:

Sal de almíbar:
habla con las manos.



viernes, 29 de marzo de 2013

extracto de "La casa a mitad del camino"



Toda la temporada de Friends estaba en tu estante, colocaste un DVD al azar y tras pulsar unos cuantos comandos fuiste al baño y por un vaso con jugo de naranja. Desde la cocina escuchaste el tunturu-rutu-tu-tun-tun, tunturu-rutu-tu-tun-tun. De inmediato te congelabas. El diploma de detective desapareció de la pared, los músculos se pegaron al cuerpo para dar la apariencia de un enclenque, la sala de estar ahora era tu alcoba pintarrajeada con frases en las paredes, los aparatos de ortodoncia volvieron a tu boca, en lugar de tener pendiente la revisión de las fotografías de sospechosos sobre la mesa tenías en mente la tarea de Geografía; la que no harías; y sobre tu alma escurrió una melancolía perteneciente a otro ser, uno que hace tres lustros dejaste dentro de una fotografía. Al instante también recordabas que de todas las mujeres que ese mes habías visto; entre tanto; ninguna mencionó a Phoebe, ni aRoss, ni a Joey, que incluso ni oyeron su How are you doing? Aquello era en verdad morir, encontrase con otro mundo desconocido donde no cabían tus alegrías, placeres, recuerdos.
-Lo que soy excede el presente.
Dejamos intacta la bebida sobre el mueble de televisión. Los diálogos que alcanzaste a enroscar en el oído se tornaron en una conversación familiar, mas no le pusimos atención. La edad nos llegaba desde todos los flancos, desde la retaguardia, hasta hacer que la bayoneta se deslizara desde el fusil hasta el estómago: el vacío no podía llenarse con jugo el naranja, sino con alguna de esas personas que en tu adolescencia hubieron visto dicha serie.