sábado, 29 de enero de 2022

Extracto novela: Collar de Estrellas

 


El auto descapotable; viejo y pesado; recorría la carretera, y en su andar el asfalto derretido bajo los neumáticos era protagonista del silencio en el desierto plano a sus costados. Los rugidos constantes de ocho cilindros profanaban el sigilo. La carcasa oxidada, en las junturas de los guardafangos, se destacó del trabajo de pintura que solía ser negra, la que se convirtió en gris difuminado. La arena a través de los años maltrató la superficie, dejando al descubierto el acero ante el viento seco. Carecía de parrilla delantera, y la luz posterior izquierda estaba destrozada, rodeada de un par de arrugas en el metal por el choque contra un árbol dos semanas atrás.

Continuó resonando el Blues de la radio al interior del automóvil; combinaba con el exterior, debido al agrietado tapiz. Bien dicen por ahí: lo que poseemos por dentro se refleja en nuestra piel. La alargada y oscura línea de la carretera se deslizó bajo los neumáticos; el sol oblicuamente caía por los costados. Con calor y sequedad en su alma, el hombre sostenía el brazo derecho extendido en el volante; dejó la mano siniestra reposar sobre su regazo, deteniendo una pequeña bolsa de papel café. La placa del auto, perteneciente a otro Estado, iba columpiándose del alambre doblado con maestría, en nudos apretados como el de la corbata arrugada en el asiento posterior.

Una reverberación comenzó a sonar desde el capó; sobresalía un leve vapor del radiador. “Debo llegar a la próxima estación de gasolina”, pensó el hombre. Le llovía el sol por entre la red de su gorra; la visera le apretaba la frente. Una gota de sudor caía lentamente por la sien, recorriendo la marca de un antiguo percance automovilístico; que dejó siete puntadas ya cicatrizadas.

A pocos kilómetros al frente del auto, un punto borroso al costado de la carretera se fue acrecentando, destacándose un anuncio que pendía de un poste de metal: GAS, se alcanzó a leer cuando el coche a marcha forzada, con una nube de vapor al frente, se acercaba.

-Maldito calor; sólo a mí se me ocurre huir por este camino- dijo el hombre mientras secaba el sudor de su sien, dejando ver una humedad en torno a su axila.

El chasquido de su índice contra el pulgar se acompasó con la melodía de los altoparlantes al tiempo en que viraba el volante para adentrarse en la estación de gasolina. El lugar lucía sombrío a pesar de la caída del sol sobre su techo de zinc. Si la construcción fuese multiplicada por cien, parecería un pueblo fantasma. El rechinar del anuncio oscilante sobre el coche se diluía entre el sonido apagado de los neumáticos en la entrada de concreto, delante de la cual, había gravilla rastrillada con esmero, pero con hondas marcas onduladas en su superficie. El calor del desierto, y los automóviles furtivos a través de las décadas, dejaron su huella. Aparcó el viejo Barracuda junto a la bomba de gasolina, desplazando su cuerpo fuera del vehículo, para luego meter las manos al pantalón de algodón azulado; deshilachado en las orillas de los bolsillos. La camisa blanca le sobresalía por los costados, pero estaba fajada en la parte posterior del pantalón. Los últimos dos botones del frente estaban destrabados, dejando que la línea de su cuello diferenciara el enrojecimiento del cuello con la tez clara de su torso; como la división entre dos países sobre un mapa. Removió la mirada por el lugar y alargaba la mano hasta el centro del volante. Tres veces resonó el claxon y después reinaba el silencio, que se adjuntó con el rechinar del anuncio de GAS. Algunas líneas se dibujaron en el cielo, alargadas y blancuzcas; reminiscencia de frescura que para el momento y para el lugar, era necesaria. El desolado paisaje, en derredor de la construcción fabricada con ladrillos y zinc, se extendía hasta el horizonte. A un costado de la casa se distinguió una vieja camioneta, sucia de polvo y desmantelada hasta su chasis oxidado.

Una silueta con sombrero de paja se fue levantando de la parte trasera de la camioneta; la delgada figura se acercaba en compases lentos hasta el Barracuda. Los surcos marcados de la piel, bronceada en un cobreado que sólo el sol del desierto es capaz de hacer sangrar, se fueron distinguiendo bajo la silueta del sombrero. La suciedad del polvo le aclaraba la playera café con una imagen borrosa de un político, sonriendo fingidamente frente a los colores verde y rojo.

-Buenos días, camarada, ¿le puedo ayudar en algo?

-Llene el tanque, ¿tiene agua que pueda servirle a mi auto?

-Sí, pero tiene que sacarla de ese pozo- dijo el viejo bajo la redondez de su sombrero, desgastado en las orillas, apuntando con el dedo hacia el frente de la casa.

La gorra, con la visera apretándole la frente, se acercó hasta la casa, llevando entre manos la bolsa de papel. Era pequeña y arrugada; parecía contener nada (si es que la nada se puede contener), pero un abultamiento por debajo avisaba de algo en su interior. Tomó el hombre un bote de metal que yacía bajo la bomba, y lo acercó al grifo, “Se me antoja un cigarro”, pensó, mientras subía y bajaba la bomba manual del pozo. Acompañado del calor y de la sed, el hombre tuvo que contener su deseo por pegar la boca al grifo al ver salir agua de él. Atrapó algún sonido eléctrico que le llegaba desde el interior de la casa, rebotando en el techo de zinc. Una sombra alargada se le pegaba a los pies.

Entró en la casa con el bote de metal en su mano derecha y la bolsa en la siniestra. Dentro había un olor a sudor y cigarro; emanaba también el aroma de aceite estancado. Sobre el mostrador, la caja registradora estaba sentada solitaria; salvo el catre tras el mostrador, pocos objetos adornaron el interior. Una caja con rendijas verticales en sus costados estaba encendida; la vieja radio sintonizó las noticias. De la radio un hombre hablaba.

…dos millones se extrajeron de la bóveda, los empleados fueron amarrados de pies y manos en el interior del banco, hasta el momento no hay reporte oficial…

El hombre salió deprisa hasta el coche, se derramó en voz hasta el viejo mientras levantaba el capó, y dirigió con sumo cuidado el agua del bote de metal en el radiador.

-¿Ya estuvo?

-Listo, joven… son cien pesos.

Extrajo la cartera de la bolsa trasera del pantalón desteñido de mezclilla, del mismo bolsillo donde se tatuó la forma abultada de la cartera. Abrió el compartimento y sacó el billete naranja. Las orillas estaban desgastadas al igual que sus manos. Acercó el billete al viejo y dio las gracias.

-¿A dónde va?

-A Disneylandia- contestó el hombre, con otra gota adjuntándosele a la sien.

Arremangó las largas mangas de la camisa hasta los codos, después guardó la billetera en su molde y se adentró en el asiento del conductor en el Barracuda.

La camisa blanca, sentada en el lugar del conductor, se hundió hasta el fondo del asiento. Una gran nube de polvo se esparcía mientras se alejaba de la estación. Aguda armónica resopló desde el estéreo. La voz grave del cantante entonando letras tristes sobresalía de la canción: “Alguien como tú… que me pueda querer y comprender”, decía con notoria melancolía. Al encontrarse sobre el primer bache, la guantera se abrió. “Tenías que tomar esta baratija que no sabe guardar secretos”, pensó. Un mapa descolgando de la guantera cayó en el asiento del copiloto.

Al estacionar el auto de nuevo al costado de la carretera, la granulación de arena se estrujó con el freno. Cambió el peso de nalga, colocando los setenta kilos sobre la billetera. En ese instante ningún pensamiento se sostuvo en su mente; fue una de esas ocasiones en que se deja que el tiempo rija sobre los acontecimientos, sin que el pasado o el futuro transiten libres. Alargó el brazo derecho y extendió el mapa; las volubles líneas se dibujaban perpendiculares y horizontales. Enfocó una ciudad cercana. Había dejado detrás al viejo y al camino, pero el destino estaba frente a sus ojos. Luego extrajo desde adentro de su chaqueta; que se encontraba en el asiento posterior; la que cubría la computadora portátil y las carpetas amarillas; una blanca cajilla médica. Sacó un parche de nicotina y lo colocó en su pecho, justo en el centro que la abertura de los dos botones dejaba entrever. El pegamento se fundía con el sudor, aplastándole los pocos vellos pectorales. Inspiró profundamente y dijo: Santo remedio.

La mugre de grasa se ennegrecía en derredor de la camisa por el cuello, y los hedores de gasolina se le pegaron en la nariz al querer encender el Barracuda. El interruptor eléctrico falló varias veces. “Ahora no, por favor no”, pensaba cuando nuevos intentos se enumeraron detrás de otro. Cuando al fin volvió la marcha por la línea asfaltada, regresó la calma sobre el asiento. Quedamente entre las piernas sostuvo la bolsa marrón de papel. Quiso en ese momento saber cuáles objetos pertenecían a un lugar desolado, sin que éste tuviera la intervención humana. El pensamiento lo llevó a un movimiento reflejo. Un juego de manos fue necesario para tomar el volante y sacar la billetera; repleta surgió de billetes. Extrajo una licencia de conducir y la colocó sobre los instrumentos que indicaban el recalentamiento del radiador. Después de regresar la billetera a su bolsillo, los caracteres latinos se leían más claramente con la luminosidad del sol: André Lovedy, veintiocho años. Al leerlo, no llegó la emoción de reconocer lo propio en un objeto, sino que minutos después la regresó a su lugar de origen, como un recuerdo a punto de llegar. Era un detective privado, no tenía muchas congojas en esos días, pero sí mucho trabajo, de entre los cuales destacaba una investigación en particular: Encontrar el paradero de los asaltantes de bancos que rondaban el país, ocultos tras pasamontañas azules. Fue tanta la opulencia con que se llevaron a cabo dichos atracos, que contrastaba con la pobreza de las fuerzas federales para arrinconarlos, por ello, el mismo gobernador del Estado de Sonora le pidió que echara manos a la obra. Las pistas en los videos de vigilancia, aunado a la ruta que le habían visto partir los testigos, le indicaron que hacia Sonora se dirigían.

El horizonte al frente se fundía con la carretera, la cual, bailaba entre el calor emánate del suelo, distinguiéndose una refracción cristalina. Le pareció que el espejismo era una puerta a otra dimensión. “Si entro de nuevo en él, viajaré al pasado”, pensó André, mientras pegaba la mirada en el espejismo vibrante. Pero con la huida de la puerta, se acercó un recuerdo de sus amigos, sus hermanos: Los Cobra.

 

La noche se comía las estrellas, y el sonido de las trompetas y los sintetizadores se confundía con los alcoholes. Las calles enmudecidas por la noche se ceñían entre los edificios y las casas, donde sus habitantes veían televisión, mataban de celos y odiaban por envidias. Una ciudad como cualquier otra, pendiendo de las costumbres tanto como de las ventas comerciales. Tres amigos se juntaron entre risas y cerveza para pasear en auto. Repararon en mecer sus torsos, reír, y perder la noción del tiempo; estaban reunidos por un simple motivo: Diversión.

Mr Scruff, MGMT, Zoé y más bandas, se refugiaron en el disco de plástico que giraba en el estéreo, escurriéndose los decibeles por los parlantes. La equivocación no tenía cabida dentro del coche; podría decirse que su amistad atraía la perfección. Los comentarios de años pasados y celebraciones memorables resaltaron entre las sonoridades de las risas. Acelerando las explosiones, aumentaron los gritos. Los faroles encajonados y semáforos en rojo se transformaban en líneas de luz con la velocidad, dibujándose paralelas a la dirección que tomaba el Mustang Mach One. Roberto se hundía; con la cerveza en la mano; en el asiento posterior. Arath conducía con una mano en el volante y otra en el celular; estaba trascribiendo un pensamiento hacia una chica. Y André sostenía su torso contra la mitad de respaldo que tocaba su hombro. Entraba en detalles con lo que decía Roberto sobre la más reciente conquista de alguna chica, por ello la inclinación fue necesaria para atrapar los pormenores físicos y las acciones concebidas días atrás.

-No mames, no podía levantar a mi compa y no sabía qué hacer.

-Eso te pasa por probar los “eme”- dijo André.

André soltó una sonora carcajada que se sobrepuso a MGMT. Roberto también acompañó la carcajada y cambiaron de tema.

-Hay que sacar unas viejas a bailar en la graduación de tu prima- dijo Roberto con seguridad que extrañó a los demás; nunca bailaban en ninguna fiesta.

-¿Neta?

Roberto respondió que sí y continuó insistiendo en la idea.

-Pues si no huelen feo tal vez- dijo Arath separando la mirada del camino para sonreírles.

Un estruendo se escuchó en el costado del Mustang, se había detenido bruscamente y una mancha de aceite oscuro se tatuó en el parabrisas.

miércoles, 12 de enero de 2022

Feliz Cumpleaños Haruki Murakami

Hace mucho que no leo algo de Murakami, pero hoy que cumple años, medité sobre él, sus libros que leí, y me di cuenta que ha estado en etapas representativas. Sputnik al comenzar Un té. De qué hablo cuando hablo de correr, poco antes, durante y después de mis carreras y entrenamientos de medio maratón. 1q84 en el hogar fuera del hogar que representó mi estancia en casa de Jules, en Culiacán.  Los intersticios que hubo entre una novela o un cuento, 2012, 2013, y demás años. Así me di cuenta que hemos estado juntos, transitando el jazz y los pensamientos hasta cumplir otro cumpleaños.





martes, 14 de diciembre de 2021

Gloria al Combatiente

 

 

Por principio y doctrina

ambos bandos serán tragedia o arrullo

canto favorable o vencido,

en esta derrota frágil camino a casa,

por sostener la corona de marfil

o la bandera plegada del sudario:

Lengua universal combatió sus palabras,

de tu boca a mi boca según recuerdo,

sin que noticias llevaran mensajeros

en medio de penumbra manuscrita

esas cartas hasta franca retaguardia.

Postdata: 

Ya es Navidad, querida.

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jueves, 25 de noviembre de 2021

Extracto de "GLORIA AL COMBATIENTE"



 

 

Todo el mundo muere

mas pocos beben

del sabor amargo de vivir.

Las horas más cortas

nos han recibido,

abordamos la noche en murmullos,

balbuceo imperceptible nos comunica:

Y ay de aquel sobre el mar

tierra, espacio o universo

que cruce los cerrojos de mi llave maestra.

Hoy claudico ante ti para decir:

conquistas el desierto de mi alma

ha sido tu victoria más placentera:

Ocúpame, recíbeme, hidrátame.

Aquellas noches pobladas de incienso

ahora caminan tu amanecer

sabor Martell.

  

 

 

 

II

 

 

Esta ausencia he paseado

del Pacífico al Nórdico

a Universal y Barrio Antiguo

en que memorias desbarataste

para restablecer un orden

fundado en tu nombre, de Gloria:

Ahora el sentir me absorbe

cual constelada boca tuya,

labios intactos sobre tu frente

y una estatua te abraza

para cobrar vida:

Palpa y pinos sin semillas

toca el llanto gélido de Gigante

dormido

despierto

ensombrecido

hasta el crepúsculo en que te mire.

 

 

 


 III

 

 

 

Ya las ánforas alineadas

brotan de la niebla y el barro

corren sobre páramos agrestes

y, de cota en cota

asaltan a sus enemigos.

Nada semejante ha cimbrado

como tu Gloria en mi pecho.

Habita y vive sin temer al temor

sé valiente en tu corazón radiante.

 

 

  

 

IV

 

 

¿Sabes qué es morir en silencio?

Este silencio radial

sostenido entre contiendas

atrincherado en diques y Palermos

donde escasea desayuno nutritivo:

No hay muerte más obtusa

que despertar en medio de cobijo

lecho, vino

anaqueles y jardines

con un guardia de vecino.

 

Arrástrame al vacío

sabré enfrentar cualquier regimiento.

 

  

 

 

 

V

 

 

 

Por la harina y el viento

por pasillos iluminados

yo, taciturno, te buscaba.

No encontré ningún regalo

que vistiera los pasos

de gacela

o caminara mi noche

donde conducía,

carreteras de música

en que te olvidaba

para volverte a recordar:

Engendra un conjuro a la distancia

que llegue a mis manos

 y brille

cuando de noche procuro tu nombre,

la hora en que habrás de llegar.

 

 

Conoces mi ubicación y escondite:

Determino repoblar soledades

cada fisura entre tus pasos

y así camines y recorras

la geografía de mi piel:

Aquellas cicatrices sobre mis dedos

que han matado las horas

de los días, en tu ausencia:

Muerte grande y pequeña

me ha tomado por pareja. 

 


 

VI

 

 

 

Di, que sí

mi anillo conquistará tu cuerpo

sin brújula o cuadrantes:

El designio del alma

indicará mi camino,

hasta la altura

que ha colocado cuartel

Martell.

 

  

 


VII

 

 

Desde Tolstoi

ningún enigma había reinado,

todo flanco era guarecido

de ataques, besos, caricias

y martirios:

Ahora bebo de la mano de un amigo

me anima a seguir al destino,

dice he reencarnado

donde incienso, tabaco, vino

respiro.

 

 

 

 

 

VIII

 

 

 

 

Gente habla y artillería resuena

fuego consume corazones amargos

mas tú trajiste la semilla

para que imperios antiguos restablezcan.

Pobre de mi ser derramado

ya no claudican noches en insomnio,

pues más que un beso no fundado,

van razas a la Historia en montaña.

Estás despertando al animal herido, gacela

hay desvelos que te transitan.

 

 

¿Qué has de cenar esta noche?

Un albur con todo dentro.

El cuerpo enredado de memorias.

Sal y agua no debe faltar,

el cuerpo sideral será desmedido.

 

 

¡Oh, hay tambores en mi pecho!

Anuncian batallas sin frontera:

A vuelo de pájaro presencias

éste combate cuerpo a cuerpo.

 

  

 

23-11-21-21:22

 



 



 

Ha desarmado la cumbia mejor bailada,

¿qué opino de ello?

¿me gusta?

Sigo ensayando los pasos

que suena para oírla en la tumba.



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lunes, 25 de octubre de 2021

Psicoanalizando a Gustav Mahler

 Desde su infancia, el compositor y director Gustav Mahler se enfrentó a la muerte en diferentes etapas de su vida, pues perdió a seis de sus hermanos por causas naturales y otro por suicidio.

Estas experiencias le marcaron en su persona, y en su música, pues la muerte es una temática constante en sus composiciones. En el año 1907 muere su hija Putzi antes de cumplir 5 años, hecho que agrava las experiencias cercanas de la muerte, aunado al aborto que padeció Alma, su esposa. 

En ese entonces, su amigo Bruno Walter le aconseja que acuda a consulta con el psicoanalista vienés de origen judío, Sigmund Freud. Luego de intentos fallidos, finalmente en Agosto del año 1910 se reúnen en la ciudad holandesa de Leiden, que en alemán significa "Sufrimiento".

Luego de cuatro horas en sesión, Mahler reconoce sus miedos y complejos, donde Freud concluye que algunas vivencias en su infancia directamente influyen en su inspiración compositiva, la relación con su esposa y su neurosis. 

Al parecer los beneficios del encuentro resultaron provechosos, pues Mahler vuelve a dirigir una gira de conciertos por Estados Unidos.

Por su parte, Freud afirmó que analizar a Mahler fue de lo más interesante, ya que nunca tuvo un paciente que entendiera tan rápido  la esencia del psicoanálisis.



sábado, 16 de octubre de 2021

Georgina

 



Estamos separados por luna y lluvia

mas me inquieta saber tu perfume, la música

que ha de tararear el siglo que te olvide: 

Georgina de miel y harina, 

estoy a tiempo de cosecha y siembra, 

fé y tiniebla en otoños sin esfinges.

Temo la sombra en que camine/ 

la dicha amazona en qué lugar me descifre.

Hay una duda pegada a tu cuerpo/

quiero responder que estoy indefenso/ 

pero 

                 Georgina.

la luna y el sol me piden silencio.

Hoy, cómo cada naufragio

                         pienso en ti como huérfano

durmiendo en casa ajena

ciudad lejana

o cerca a la playa:

Nada de agua que inaugure montañas;

nada de oleajes sobre Durango:

Sigo envuelto en la niebla

y su manto de ausencia.



martes, 12 de octubre de 2021

Intro de CIEN SONETOS DE AMOR, de Pablo Neruda



 Cien sonetos de amor

(1960

A Matilde Urrutia

Señora mía muy amada, gran padecimiento
tuve al escribirte estos mal llamados sonetos
y harto me dolieron y costaron, pero la
alegría de ofrecértelos es mayor que una
pradera. Al proponérmelo bien sabía que
al costado de cada uno, por afición electiva
y elegancia, los poetas de todo tiempo
dispusieron rimas que sonaron como platería,
cristal o cañonazo. Yo, con mucha humildad
hice estos sonetos de madera, les di el sonido
de esta opaca y pura substancia y así deben
llegar a tus oídos. Tú y yo caminando por
bosques y arenales, por lagos perdidos, por
cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de
palo puro, de maderos sometidos al vaivén del
agua y la intemperie. De tales suavizadísimos
vestigios construí con 
hacha, cuchillo, cortaplumas,
estas madererías de amor y edifiqué pequeñas
casas de catorce tablas para que en ellas vivan
tus ojos que adoro y canto. Así establecidas
mis razones de amor te entrego esta centuria:
sonetos de madera que sólo se levantaron
porque tú les diste la vida.


Octubre de 1959.


jueves, 29 de julio de 2021

El Libro de los Cinco Anillos

 Este libro es uno de los que nunca deben faltar en cualquier biblioteca, desde un emprendedor, estudiante, ama de casa y directivos, nos muestra diferentes aproximaciones al momento de enfrentar problemas diarios, así como aplicar estrategias para evitar tener problemas





Veinte poemas de alcohol y un cigarro en el cenicero

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viernes, 4 de junio de 2021

Cien Sonetos de Amor, Pablo Neruda (3)

 Cien sonetos de amor





Matilde, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.

En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.

Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!

Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.


II

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.


III

Áspero amor, violeta coronada de espinas,
matorral entre tantas pasiones erizado,
lanza de los dolores, corola de la cólera,
por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?

Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?

Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
el alba llenó todas las copas con su vino
y el sol estableció su presencia celeste,

mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
hasta que lacerándome con espadas y espinas
abrió en mi corazón un camino quemante.

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