miércoles, 10 de marzo de 2021

Son las seis... (las páginas prohibidas detrás de Un té a medianoche)

 






Un té a medianoche

Este libro destiló las emociones dentro de una disciplina autoimpuesta, pero lo que nadie sabe, quizá, es el texto inicial, no contenido en la novela, con que se destrabó la maquinaria que me llevó a terminarlo. A diez años ya de esa fecha, me pareció bien colocar ese texto:

"Son las 6:42 am del domingo 20 de Marzo mientras comienzo a escribir esto. He tenido un episodio que quiero contar. Ayer, sábado, fui a las 3:00 pm a la boda de una querida amiga. Fui solo y me la pasé conversando con el padre del novio sobre su asociación de socorristas. Era una plática un tanto atractiva, pero en mi interior varias decisiones y atenciones me alejaban de las palabras. Tendría un viaje a Guadalajara, saldría a las 11:30 pm. Pues bien, a las 6:00 pm me despedía del señor y de mi amiga, la cual, junto a su esposo, dijeron que no era bueno, porque me veían en mal estado. Ahí recordé que casi medio litro de tequila bebí, pero, como en muchas otras ocasiones, pensé que podría continuar mis labores. A las 5:10 am, del domingo, desperté en mi casa. Lo primero que pensé fue en que no me fui y falté a la cita que tendría hoy, más tarde. No sé qué pasó, pero he venido a casa de mi papá a informarme y sucedió algo así:

Al salir de la boda, sus sentimientos encontraron el cobijo del olvido. Maquinalmente, sin lograr acercar su espíritu al cuerpo, las velocidades y los movimientos sobre el volante acercaron su presencia hasta el lugar donde dejó las maletas. Vestido de traje, con corbata amarilla de seda y zapatos lustrados, pensó en cambiarse por algo más casual para su viaje. Llegó a la casa de su padre y todo se desfiguró. Había esperado más de un año por realizarlo, y ahora tenía los boletos preparados. Las respuestas y todo lo que sintió un año antes pondrían una razón de ser. Las cartas, El Gran Amor de los Muertos, los cuentos, las llamadas y mensajes, serían iluminados por la presencia de la otra parte que los alimentó. Dentro, él percibió que la conciencia se iba desvaneciendo poco a poco, no como un anochecer, sino intermitente. Veía los coches, las personas, los semáforos… hasta que despertó. Ella estaría esperándolo en la Basílica de la soledad, pero él jamás llegaría.

Sólo me la paso pensando en que me duele, me incomoda, el hecho de no haber dormido en el lugar que reservé, pues es frente al Parían, un lugar donde acudí hace meses con dos amigos, y está situado en Tlaquepaque, que es… ¿cómo describir la esencia de las calles, fachadas, música, del lugar que me alegró debajo de mi escafandra de penumbra? No pude estar recorriendo esas calles, y los planes se diluyeron por mi embriaguez que me situó sin playera a recorrer las calles de Durango. La imagen, que percibo, no me gusta. El dinero perdido no me importa, pero ahora, que lo pienso… ¿Por qué?

Veo el amanecer en Durango, y no estoy en Tlaquepaque. ¿Saben lo que es sentir que lo que te gusta no está contigo y que fue tu culpa? Por eso he decidido dejar de tomar, ya no seré el mismo, lo sé, o al menos no tomaré tequila y seguiré con el vino; de ese sí puedo tomar hasta tres botellas sin que suceda esto. De hecho, maté a André Lovedy en Día y Hora, pero mi André interior se ha vengado.

Ahora sigo escuchando en mis audífonos Kings of Leon, y de nuevo pienso en lo que se fue. Me refiero a que mi estancia allá, mis amigos, la persona que me los recomendó, la tienda de discos donde los escuché por primera vez y que no me quitaba de ahí hasta escuchar el disco por completo… Tlaquepaque… todo se desvaneció… ahora… Mariela… Martha… “Tienes el mismo nombre…”. Es como si estuviera viviendo el capítulo final de El Gran Amor de los Muertos.

Voy a encender todo. El dinero, los boletos, la adrenalina, todo se conflagrará y haré que mi cuerpo vaya a Guadalajara, aunque sea por horas, pero debo ir, escuchando Kings of Leon en el camino, sólo pienso, ahora, en que, aunque he hecho algo similar antes, puede que no vuelva de ese viaje… lo prometí y debo cumplir".



Hielo en las ramas (fragmento)

 



Comíamos chocolates sentados en las escaleras del pequeño departamento. Por la ventana ingresaba el sonido de la cascada en el estanque de afuera y las canciones de rock que el vecino reproducía en su televisor. Mencionaste que estaría bien al menos tener una sonaja de lata en mis treinta metros cúbicos para entretenernos con algo más. Una de las inolvidables bromas que me hacías. Como por descuido un rayo de luz tocó tu cabello al reír, y en ese instante supe que había encontrado el remitente de mi corazón.

Te conocí por recomendación; qué manera tan extraña, porque Julio me dijo que había llegado una nueva inquilina a su casa de asistencia.

Era octubre de un año donde las nubes de tormenta no llegaron encima de nuestros hogares, separados por una hora de camino y una estación de tren abandonada.

Fui a correr esa tarde noche, creo que fueron veinte minutos, lo que recuerdo es que visité a Julio. Hablamos de que ya regresamos el entrenamiento, que el esgrima era lo mío, cuando de pronto su hermana y tú salieron a esperar el taxi rosa que llamaron. Contrario a mi costumbre comencé a socializar y sonreír.

-Hola-. Dije mi nombre-, mucho gusto- extendiendo la mano a los límites desbordados donde mi sorpresa arribó en su bici. El ejercicio de la memoria consiste en repasar los instantes donde se olvida quién se es para imaginar una nueva posibilidad de volverse otra persona, o volver a ver otra persona. Te presentaste y volteabas a donde yo no estaba, indiferente.

-¿A dónde van?

-A la Casa de Vidrio- mencionó doña Juana alias Juanita.

Se me cayeron las llaves al tratar de hacer un chiste que incluía la ironía del nombre de un sitio donde la transparencia se nubla con el alcohol y las drogas, y lo primero que recordé...


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miércoles, 24 de febrero de 2021

Le petit Paris notebook

Esta ocasión quiero hablarles de la libreta de apuntes que llevé durante mi estancia en Le Petit Paris. Correría el año de 2012, entre febrero o abril. Por aquellos tiempos apenas empezaba a pernoctar en el sitio en donde deseaba continuar escribiendo a destajo sin interrupciones, lo que tiempo después se vería fue demasiado difícil, pero lo que estamos por tratar es sobre esa libreta.

Tengo un amigo poeta, al cual por esos tiempos empezaba a frecuentar y se volvió un amigo. Hablábamos de escritura, la vida, los amores y el desarrollo de la vida hasta los puntos en quela habíamos recorrido. Era de noche, quizá alguna otra persona nos acompañó por un periodo pequeño que no interrumpiera nuestra plática. Tabaco y alcohol se fue consumiendo mientras adentraba la noche, y las latitudes de las palabras abarcaron la circunferencia de las emociones. Recuerdo que por ese entonces la computadora en la que escribía estaba descompuesta, comentando esto al poeta. Mi principal herramienta me dejaba a medio camino entre idea y hecho, lo cual significaba una batalla ante la cual no tenía cuartel por estar desacostumbrado. La Mayoría de mis ataques se presentaban en computadora, y no lograba avanzar en las ideas que surgían de tanto en tanto. Él lo tomaba como cualquier amigo que escucha, el que comprende, el que recaba la información que se le dirigía. Así transcurría la noche, hasta que se desvanecía la fuerza de mi alma, que ansiaba descanso. En un momento dado fuimos a repostar energía, que no era la suficiente y me dijo: Levante el cofre y saqué un libro de los que traigo atrás. Lo realicé y al tenerlo en manos, observaba una especie de libro a media carta envuelto en celofán.  No contenía nombre o títulos, sólo las imágenes de rostros femeninos.

-¿De quién es?

-De varios autores.

-¿De qué trata? ¿Poemas, novela, cuento, o qué?

-Luego verá.

Así, tomé el libro que me obsequiaba y retomamos el influjo de la plática.

Momentos después nos despedíamos y me retiré a mi casa, ubicada lejos del sitio en donde me refugiaba en soledad, rentado para permitirme escribir sin distracciones. La mañana siguiente como todas las mañanas que se han experimentado tras pláticas entre amigos que usaron el combustible de la hermandad fulgurante del alcohol y la afinidad, alargaba la mano hasta el libro envuelto en celofán, tomándolo y abriendo la envoltura de aquellas ideas desconocidas. A este punto quiero recalcar que en ese entonces era la persona con quien más hallaba afinidad al hablar de letras y de la vida, por lo que esperaba encontrarme con autores que él había percibido requería para ayudarme. Tal vez alguna historia que describía las cartas o las libretas como lo principal para plasmar ideas, algún poema de los que tanto nos hermanaba. Rompía el celofán, para luego abrir el libro, y repasar sus hojas. Fue donde descubrí que todas y cada una tenía una superficie uniforme en blanco, las pastas no dilucidaban nada más allá que los rostros femeninos en tono blanco y gris. El libro o libreta, estaba totalmente en blanco, y fue donde comprendí su mensaje: Esta libreta es para que escribas a mano las ideas que normalmente escribes en computadora. Aquí hazlo, si no tienes en donde.

Y en esa libreta plasmé por 7 años lo que en aquellos departamentos me vino a la inspiración.



martes, 26 de enero de 2021

Extracto: UMBRAL

 



También he querido ver lo que ves

y ser, tal vez, eso que quieres.

A veces trato de encontrar lo que buscas,

ponérmelo y verte, citarnos en un parque.

Eso no llega ni viene mañana

porque se fue ayer.

Muy corto me ha quedado tu silencio

y no escucho lo largo que grito.

Puedo ser aquel que te besa

el que te engaña, el que visita tu casa.

Puedo ser el que va a tu trabajo

que lleve flores violetas al cine

y aguarda que entres en casa a dormir.

Puedo serlo y quiero serlo,

y estoy en busca,

porque aguardándote voy, infinito

detrás de la mujer que abrazo, que beso

que engaño, que dejo en su casa

para que se vaya a dormir.

sábado, 19 de diciembre de 2020

15 DE JUNIO 2011



Entre tú y yo hay una distancia infinita.

Tú comprende las emociones, el llanto

la fatiga y el crepúsculo.

Yo construyo los andares de sombría espina,

de luto y carencia por las noches.

Entre nosotros no hubo nada

que no fuera la intención.

Ya las palabras adquirieron el color,

el aroma y las formas de la farsa,

y con ellas vuela la lluvia, el calendario

y cada firmamento testigo de lo sentido.

Iré a la sombra de la noche

para estar con los pasos no dados

al camino despoblado de recuerdos:

No me esperes, estaré ocupado.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

LÁMPARA






Llevo mi lámpara de luciérnagas.

Titilan como estrellas.

Y así, en su artificio, puedo verte en mi recuerdo.

Fue en una mañana, hace más que mucho tiempo.

Te vi de donde no me mirabas,

y cerré los ojos para ver más claro.

Pude robar tu imagen y guardarla en el bolsillo,

junto a una moneda sin rostro, junto a una pluma sin tinta.

Asombrado en tu sorpresa, la vista no falló en encontrarte.

Eras tú y eras ella, esa que busco ahora de noche.

Aquella que viene y va, entra en el sueño, sin saber que es el mío.

Eras tú, no era fantasía, ahí te vi de costado.

Una mañana, como una tarde sin fondo, te vi,

toqué tu imagen, aspiré el perfume de tus colores,

sentí el brillo de los profundos ojos que no me vieron.

Mi vista buscó la tuya, y tu mirar huyó en un vuelo.

Con un arco seguí tu huella, encontrando un muro de silencio.

Creció la distancia, la medida, el grosor del vacío,

y ese mirar se perdió, se fue con el mañana.

Hace falta cortar el tiempo a pedazos grandes

para saber que te vi hace más que mucho tiempo.

Las luces no brillan más, y agito mi lámpara violento

sólo para ver, que estoy solo,

solo y sólo con mil insectos muertos. 


martes, 17 de noviembre de 2020

D11

 


 

Arrastrándose por las escaleras fueron

embriaguez y sombra

unidas a terrenos distantes.

De un peñasco surgía el abismo

y en lo profundo habló el acantilado:

Habrá insomnios en las entrañas de la tierra

mientras tú desentrañas los misterios del mundo.

Par en par la cancela de la habitación dejaba

entrar en mi hogar el palíndromo somos

sin que nadie como ella moviera los labios,

sin que yo develara tono en el silencio

pues en el trueno hablaron los muertos

al panteón de dioses cariñosos:

ahora pido una abrazo como se pide una oración:

Escúchame en tu oleaje

Mar y Niebla, escucha lo que ansío:

de toda el agua y el aire

sigo sumergido sin querer desbordarte.

martes, 13 de octubre de 2020

Dos Cántaros

 




Dos Cántaros

 

Sobre el campo recién sesgado, reposaban dos cántaros. Eran similares, fueron creados por el mismo alfarero, el barro que los había formado venía del mismo lecho y las llamas del horno las terminaron el mismo día. Hablaban entre ellas:

-Estaré a lado del camino

-Yo también, un rato solamente. Solo un rato.

- ¿Sólo un rato?

-Iré a la sombra del álamo, a la sombra del álamo iré.

- ¿Qué harás a la sombra del árbol álamo?

-Descansar, naturalmente, naturalmente a descansar.

- ¿Descansar de qué trabajo?

- De estar aquí, a lado del camino, naturalmente.

-Vaya. No sabía que estar a lado del camino fuera tan cansado.

-Es fácil para ti decirlo, naturalmente.

- ¿Por qué?

-Pues siempre estás ahí, tan presumido, tan limpio.

- ¿Por qué tan presumido?

-Sí, así, de estar casi brillante, bien recto en tu postura, al lado del camino, sin marcas del polvo.

-Vaya, hemos estado al lado del camino desde la luna llena.

-Así es, naturalmente, desde la luna llena hemos estado aquí. ¿No te cansas de estar tan limpio y aquí?

-Me preparo para ser útil. Cuido no agrietarme, y si alguna grieta aparece, no la dejo crecer y la resano.

-Qué cansado tener que estar aquí, a lado del camino, y además resanarse.

-Me preparo. Si el viento trae polvo, procuro alejarlo, por si me llenan con agua o trigo o leche, esté fresco y listo para alimentar.

-Que tonto debe ser luchar contra lo que no tiene remedio.

- ¿No quieres ser usado acaso tú también? - preguntó sin molestia el cántaro azul.

-Claro que sí.

- ¿Y cómo esperas ser elegido para ello?

-Cuando vea que me escogen, entonces cuidaré que mis grietas no se alarguen y limpiaré el polvo de mí.

Estaba por atardecer, y el cántaro azul pensaba: "Vaya, que tarea será la suya si veinte lunas llenas ha dicho lo mismo desde debajo del álamo"; mientras era llevado a la carreta ya lleno de agua.

 



jueves, 4 de junio de 2020

S. C.


No olvido tus pies pequeños
los ojos claros
el crepúsculo de tu rostro al mirar a otro lado.
No olvido la mañana que me acompañó tu vacío.
Sólo camino entre copas,
llenas de luna, ausentes de lluvia,
en este osario de mis pasos contados.
Más delante donde anidan los mares
habré de anclar un decisivo abrazo
a este beso que desenterré en tus labios.

martes, 10 de marzo de 2020

Nancy

A veces hacen falta paredes
a veces.
A veces las formas no encierran
ni sus vértices son definidos,
a veces.
Ayer quise escribirte otra carta
y ya no podrás leerla entre el humo.

Si perduran tres recuerdos
de sangre, lágrimas e infancia se mezclarán.
A veces el ahora vuelvo no llega
y a medio camino
los mapas pierden las coordenadas:

Lugares prohibidos a distancia
son vistos
y quienes llegan a ellos
no volvemos a verlos.
De Sur a Oeste se convirtieron las versiones de nuestros pasos
en un sacrificio de nosotros para nuestro pasado
y en altares olvidados
las memorias se perfuman con incienso.





jueves, 23 de enero de 2020

Maya Sofía



Estás temblando entre líquen y enredadera;
murmullos caen a tu espalda
cómo lienzos mudos entre manos
y permanezco quieto al recuerdo:
Caminemos alrededor de la ciudad
Esta noche, mañana
otra tarde, de madrugada
que distancias nos atestiguen
y ánforas nos releven.
A veces duermo
sin pensar sobre el tiempo
mas de nuevo peces saltan sobre hoguera:
Acá en el campo van dos huecos
con tu nombre
y con tu cuerpo.