jueves, 4 de junio de 2020
S. C.
No olvido tus pies pequeños
los ojos claros
el crepúsculo de tu rostro al mirar a otro lado.
No olvido la mañana que me acompañó tu vacío.
Sólo camino entre copas,
llenas de luna, ausentes de lluvia,
en este osario de mis pasos contados.
Más delante donde anidan los mares
habré de anclar un decisivo abrazo
a este beso que desenterré en tus labios.
martes, 10 de marzo de 2020
Nancy
A veces hacen falta paredes
a veces.
A veces las formas no encierran
ni sus vértices son definidos,
a veces.
Ayer quise escribirte otra carta
y ya no podrás leerla entre el humo.
Si perduran tres recuerdos
de sangre, lágrimas e infancia se mezclarán.
A veces el ahora vuelvo no llega
y a medio camino
los mapas pierden las coordenadas:
y ya no podrás leerla entre el humo.
Si perduran tres recuerdos
de sangre, lágrimas e infancia se mezclarán.
A veces el ahora vuelvo no llega
y a medio camino
los mapas pierden las coordenadas:
Lugares prohibidos a distancia
son vistos
y quienes llegan a ellos
no volvemos a verlos.
De Sur a Oeste se convirtieron las versiones de nuestros pasos
en un sacrificio de nosotros para nuestro pasado
y en altares olvidados
las memorias se perfuman con incienso.
son vistos
y quienes llegan a ellos
no volvemos a verlos.
De Sur a Oeste se convirtieron las versiones de nuestros pasos
en un sacrificio de nosotros para nuestro pasado
y en altares olvidados
las memorias se perfuman con incienso.
jueves, 23 de enero de 2020
Maya Sofía
Estás temblando entre líquen y enredadera;
murmullos caen a tu espalda
cómo lienzos mudos entre manos
y permanezco quieto al recuerdo:
Caminemos alrededor de la ciudad
Esta noche, mañana
otra tarde, de madrugada
que distancias nos atestiguen
y ánforas nos releven.
A veces duermo
sin pensar sobre el tiempo
mas de nuevo peces saltan sobre hoguera:
Acá en el campo van dos huecos
con tu nombre
y con tu cuerpo.
sábado, 28 de diciembre de 2019
¿Cómo escribir un libro?
Escribir es un proceso 90% pensar, meditar, investigar, y 10% colocarse frente al monitor a transcribir las ideas que se van conectando, colocando las notas llevadas durante la jornada en el documento. Parte importante a la hora de hallar los puntos cardinales se ha vislumbrado al escribir cartas (en años pasados) o de conversaciones escritas. Ahora, que Whatsapp o FB nos invaden, esas evidencias apoyan en la transcripción. Lo más importante es hallar tiempo. Como en cualquier empresa, el tiempo es el Activo más preciado. Al escribir se debe ver cómo inversión. Un tiempo no de esparcimiento por más que se disfrute, sino como la actividad que generará recuerdos y dinero si se ha colocado de buena manera. Hoy a diez años de esta carrera que emprendí, recuerdo los entrenamientos para medio maratón o 10K. Meses previos de poco a poco, pero constante, con la mira puesta en el objetivo final, iba preparando mente y cuerpo al desgaste venidero. Así, también recuerdo que no compartía esto con nadie, era la actividad más solitaria, ya que si (como en la 10K) lo anunciaba, habría quiénes mencionaran cómo sería imposible. Recuerda esto, si tienes una meta: Eres el único que podrá hacerlo o impedirlo, y la preparación es vital. Hay que verlo como una guerra de desgaste, hacer una preparación para vacas flacas, a largo plazo. Con reglas. Toda distracción que te aleje de este objetivo debe omitirse.
Cuando empecé a escribir no tenía responsabilidades de peso. Hoy que fundé una empresa y estoy renovando otra, veo cómo las aplicaciones aprendidas al escribir y al correr son universales. No puedes ir sin herramientas y no puedes avanzar sin voluntad. Las herramientas las aprendes buscando y entrenando, la voluntad permite seguir aplicándolas cuando el viento va en contra. Y cuando el viento va en contra, y a favor, sabiendo que has templado las herramientas a base de fuego y sudor, sabes que cuentas con lo necesario para enfrentarte a las tareas. Cuando completas esa carrera, o que un cliente o lector comentan cómo les fascinó lo que creaste en tu mente un día, y trabajaste manualmente en ello a escondidas, recibes tu recompensa.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
"Cuchillo" Extracto de Andrè Lovedy Desclasificado
-Cuchillo: fábula del cuchillo- dijo André-. Así la llamó
El Riel. Quieres cortar carne, pan, fruta, tomas el cuchillo. Usas el acero,
por el filo, y deslizas sin batallar. Es útil, te ayuda a lograr el cometido
mientras te encuentras a salvo. Del otro lado del cuchillo. Ahora, voltéalo
horizontalmente y tómalo por el acero y no por el mango. Intenta realizar los
mismos movimientos que anteriormente te sirvieron. Desde el inicio, al apretar,
duele el filo. El vaivén inclinado que antes logró cercenar el objeto, ahora
ayuda a que tu herida se agrande. ¿Qué papel efectúa el cuchillo por sí mismo más
allá de ser lo que desde su creación fue? Ninguna. Las consecuencias varían según
el usuario. Así que mantén esta imagen siempre a tu lado, cuando portes esta
arma, recuerda la vida. Depende que lado del cuchillo te encuentres.
martes, 23 de julio de 2019
Extracto: Sagrario Dingler

Los
recuerdos son algo que no puedes borrar, pero ellos te pueden aniquilar; tienes
que cargar con ellos todo el camino, la clave es hacer tu carga más ligera,
regando tus recuerdos en el exterior y no dentro de ti. El pasado es un atavío
que impide levar el ancla para emprender el vuelo a lo que podemos ser.
Supe
de muchos secretos ajenos; ya que; el trabajo de detective privado, ha dejado
en mí la imagen de que nadie es un santo. Altos funcionarios se reúnen con
narcotraficantes y engañan a sus esposas con más de una mujer, incluso uno que
otro hombre. No me permito posponer nada desde la adolescencia, la eterna voz
del mañana, es la afirmación de lo inexistente. ¿Cuál es la necesidad de
posponer las cosas? Cuán delgada e invisible es la línea entre orgullo y
dignidad; dejamos de soñar, dejamos ir las oportunidades más fantásticas de la
vida por el orgullo que es innecesario, si lo quitáramos de nuestro
vocabulario, tendríamos más experiencias inolvidables. El mundo que cada cabeza
es, gira en torno a la felicidad y la infelicidad, la dualidad que acompaña
cada paso que damos, tanto como el día y la noche. Nada es para siempre, aunque
suene triste, es reconfortante, ya que ni el dolor ni sufrimiento son eternos.
Estos
recuerdos que han surgido en este día me aniquilan y me tienen inquieto,
estando en casa, en mi departamento de solitario. Se necesita poner un muro en
contra de las memorias, o una larga distancia. Es preciso sobremanera el salir
de casa, de la ciudad con rumbo desconocido, es como si estuviera leyendo y
releyendo el mismo libro, que después de tanto hojear, se me ha grabado la
historia y ya no pongo atención en la lírica de sus letras, perdiendo el sabor
de los pequeños detalles, en estos casos es menester el dejar todo guardado,
huir lo más lejos posible, dejar que el tiempo se amontone, que la distancia
sirva de muro, para que al regresar encuentre de nuevo la lírica perdida, el
sabor difuminado, las palabras que me enamoraron del libro. Lo bueno es que es
sólo un libro, no me extrañaría, ¿O sí? Tal vez, pero lo mejor es que volvería
de nuevo, radiante e iridiscente; prefiero eso que a triste y olvidado en su
compañía. Y es cierto que con cada encuentro, con cada regreso al punto de
partida; fuese un libro por ejemplo; encontraríamos nuevas cosas en lo mismo,
suena incongruente, pero no se puede negar, el hecho es que nosotros cambiamos,
no estamos bajo las mismas situaciones o problemas o placeres, que cuando lo
vimos y leímos por vez primera, así sucede con las personas también.
Con
la idea en mente emprendo un viaje a Zacatecas que tardará un fin de semana
como cualquiera. Estoy queriendo conocer la hermosa ciudad colonial, la que la
gente que me ha conocido en los últimos años de mi existencia me ha recomendado
visitar. Tengo que estar lejos de lo que me recuerde las semanas anteriores,
Durango es la tierra del recuerdo y sufrimiento, al menos en esta quincena.
Parto por la tarde; y desde Durango según la dependienta que me vende el
boleto; son tres o cuatro horas de distancia.
En
el camino, después de pasar tres pueblos, el miedo comienza a caminar
lentamente hacia mi interior; ¿Donde dormiré? ¿Qué comeré? ¿Con quién estaré?;
las mismas preguntas que surgen en la vida. La vida es un viaje sin retorno,
nunca sabremos que habrá más delante, sólo podemos transitar por el presente.
Concentrarse en vivir y no sólo existir.
El
sol se esconde en su laúd de descanso nocturnal, como el autobús en que me
encuentro. Mi partida por la tarde ha quedado atrás con las ganas de compartir
mi vida con una chica. Mientras Sinatra entona All the way en mis
audífonos, los azulados halos de las estrellas se encienden. Desde mi asiento
junto a la ventana no puedo ver la luna, ni tampoco saboreo el licor de
membrillo que venden junto a la carretera de cada pueblo que va quedando atrás.
Las diez de la noche, hora que el reloj de mi celular indica el momento en que
arribo a Zacatecas. Seis horas tardó el autobús, la mujer de la camionera se
equivocó.
El
sueño cubre mis parpados cual cielo estrellado en la noche, reflejo de un
hombre cansado. Tomo un taxi; rojo, sin taxímetro; y le ordeno que me lleve al
cajero para sacar dinero y conseguir un lugar para dormir. Después, un hotel,
en las afueras de la ciudad, es la primer parada fija después de visitar el
cajero en el céntrico banco. Llegamos después de extraer los honorarios de mi
último trabajo, lo cual debe ser suficiente para que el recorrido no sea
raquíticamente austero, sino extravagante.
El
sueño pudo más que yo y me detuve en ese hotel, barato, sucio, y descuidado,
con muebles viejos y televisores a blanco y negro; donde las cortinas y las
sábanas son prácticamente iguales. Pareciera que; después de un tiempo; a las
sábanas sucias las vuelven cortinas, o ¿sería al revés? Debí percibir la
infamia del aposento cuando el recepcionista me atendió. Un hombre de mediana
edad que carecía de humor; ese es un trabajo en el que la expresión habla de tu
labor. Fue muy frío al momento de pedirle información sobre la tarifa de la
noche. Al llegar al hotelucho de segunda, sólo pensaba en dormir, ni siquiera
quiero hacer memoria por recordar su ubicación o nombre. Descansaba de la
ajetreada semana en un lugar con ruidos de borrachos; los pasillos oscuros, la
alfombra gris, y chicos de preparatoria estaban corriendo mientras gritaban
incoherencias con chicas. Así terminó un día difícil (el primer encuentro con
lo desconocido nunca es grato).
Un
cuarto para las dos de la madrugada, es el instante que una pesadilla me
levanta de mi austero lecho. Salgo de la habitación. Al querer encender mi
celular, marcó por equivocación a Laura, cuelgo después de tres tonos, enciendo
un cigarro y me dirijo a uno de los salones que hay en cada piso; con sillones
roídos por las ratas, ceniceros de barro y reproducciones baratas de Picasso.
Sentándome en el más amplio y limpio de ellos, una chica rubia, de semblante
cálido, entra en el salón. Lleva un vestido negro semi ceñido a su esbelta
figura, torneada por un gimnasio que deja ver la abertura de la falda. Los muslos
son firmes como la madera, porcelana suave y clara por piel, sonrisa aperlada,
y unos ojos aceitunados, en cuyo rostro, no hay más que poco maquillaje, no
hace falta. Le pregunto por la hora en que nos encontramos juntos por la
madrugada: “Las dos en punto”, dice, y después de sonreírle, se sienta junto a
mí.
-Buenas
noches… ¿tampoco puedes dormir?- suelto la pregunta después de aspirar mi
cigarro. Sabe con antelación que es una escusa para romper la gélida noche.
-No,
dormí por la tarde. Acabo de llegar de un evento, soy analista informático, y
tuve que acudir a la fiesta de clausura de una convención. ¿De dónde eres?
-De
Durango…- exhalo una larga línea de humo y pregunto-: ¿Y tú?
-Soy
de Chihuahua.
No
me pregunta mi nombre ni yo a ella, pero de algún modo vamos llenando el
silencio con cigarros y quejas sobre el hotel. Sin vacilar y después de un
chiste que nos corta la inspiración, la beso levemente. Desconozco el motivo de
su respuesta favorable ante mi atrevimiento. El sillón permanece inmóvil, y nosotros
nos acariciamos apasionadamente en el suelo. Me quedo sin playera, ella sin
zapatillas, y mientras cuelga su vestido de mi brazo al cargarla, nos dirigimos
a mi habitación. Siempre me sentí preparado para cualquier eventualidad:
Condones, dinero en efectivo, tiempo aire y lubricante, cosas que no faltaban
en mi morral Gripho que cargo cada día, pero esa noche no hubo porqué usar
alguno de ellos, ni porqué preguntar nuestros teléfonos para llamarnos días
después.
-No
te conozco bien, eres peligroso- mansamente se separa de mí.
-Puedes
salir en cuanto gustes.
-Lo
extraño… es… - regresando a mi costado derecho en un movimiento lento,
acallándome y deteniendo mis palabras-… que no quiero.
-Por
mí está bien, ¿deseas volver a platicar?
-No-
acercando el carmesí de sus labios a mi pecho, montándose encima de mí,
trasminando su lujuria hasta mi ser.
Su
respuesta no detiene mis extremidades ni las de ella, así que continuamos la
cabalgata segura de las caricias sobre la ropa interior, separándonos al
amanecer. En qué momento tan conveniente llega la compañía de una noche, sé que
no luzco mal sin ropa, aún mejor con ella, pero mi sonrisa siempre fue mi llave
universal para cualquier conquista. Nada supera una voz clara y limpia de
groserías. En lugares distantes encontramos la seguridad de lo conocido.
Llegando
el amanecer siguiente, decido salir del hotel para siempre y nunca más volver.
Cargando mis mochilas y morral, camino por la ciudad. Me adentro al centro
histórico, declarado patrimonio histórico de la humanidad. Caminando por las
empedradas calles de cantera, limpias, sin ninguna basura ni hoja de árbol
sobre ella, recorro las inmediaciones hermosas. Las “hormiguitas” hacían bien
su labor; son llamados así por los lugareños los trabajadores de limpieza, encargados
de mantener impecable la ciudad. Trabajan día y noche o al menos así lo parece.
Son muy buenos guías turísticos: “¿Dónde queda la alameda central? Siga por
esta calle hasta que vea el monumento a la madre”, me respondieron las personas
que se dedicaban a mantener la reputación del lugar.
Al
arribar a la ciudad la noche anterior, el taxista había mencionado cada lugar
que íbamos dejando atrás, y la alameda central llamó mi atención. Desde que
salí del hotel innombrable, quería reencontrar ese pedazo de ilusión.
Las
ventanas altas que llegan hasta el suelo; (convertidas en ventanas esas
antiguas puertas en el tiempo porfiriano, un siglo atrás, cuando se les ocurrió
imponer impuestos hasta del número de puertas en las casas. Eso me contó Gaby
el día que salimos, nunca lo confirmé) los arcos de los edificios, y puertas de
madera antigua que adornan cada edificio del lugar, intimidan a la vista, es
simplemente muy hermoso para fijar la mirada en un punto específico.
Frente
a la catedral me quedo un rato admirando las delicadas figuras de cantera
rosada; típica de este rincón de México; labradas pacientemente siglos atrás.
Calles más adelante un letrero atrae mi atención: Hostal La Fuente, dice el
letrero junto a la palabra “familiar”, indicando que debo entrar al lugar. Dejo
las mochilas en la habitación número cuatro, me informo con el dueño; que tan
amablemente me ha tratado desde que entré, un tal Carlos Torres; sobre qué
rumbo tomar para conocer la ciudad. Primer parada el teleférico, de ahí hacia la
mina El Edén.
Me
dirijo hacia el cerro de la Bufa donde se encuentra el teleférico. No son más
de veinte minutos desde el hostal según el dueño, un señor de unos cincuenta
años, pero, que tenía en su rostro, la luz de la juventud que no se desparramó
innecesariamente, la lámpara de una sabiduría adquirida con el sudor.
El
camino toma más de “veinte” minutos y cada Zacatecano que encuentro en el
camino dice: “Son quince minutos de aquí en adelante”. El cansancio que implica
subir un cerro tan alto despeja la mente, hace que las imágenes perturbadoras
de los días anteriores se olviden por instantes junto a las heridas reabiertas.
Al encontrarme a punto de subir; en el aparato que me mantendría colgando; me
sorprendo.
Cuando
comenzaba la travesía dentro de un cajón de plástico rojo y vidrio, recuerdo
que eso era impensable, pero ya era demasiado tarde. Mi miedo a las alturas es
tanto, que con sólo ver una foto de la vista desde un rascacielos hacia la
calle, me atemoriza desde la primaria; los años en que acompañaba a mi padre,
mi mejor amigo, el primero que escucha de mis amores y desamores, a su
oficina-taller; llena de calculadoras, herramientas, archivos nuevos y viejos y
motores desarmados.
Sin
titubear me monto y transito los metros de distancia entre cada cerro. Al
llegar a la otra orilla estoy tan eufórico, tan tranquilo y tan orgulloso a la
vez, ya que había enfrentado uno de mis grandes temores, no lo superé y nunca
lo superaría, pero el atreverme a enfrentarlo, y hacerlo de manera decidida, me
demuestra qué es lo que cuenta: Enfrentar los miedos. Ojalá mi padre
pudiese haber venido conmigo, de seguro se quedo dormido en su casa escuchando
a John Lennon. Sea como sea, cuando le vea le contaré sobre el largo túnel
hasta el interior de la mina, diré que el color verdoso de manantiales
acuíferos bajo la calzada de metal era profunda, y que había un lugar para
adorar un Santo.
Siendo
el segundo día de mi estancia; después de entrar en la mina El Edén; la
revelación de mi destino surge entre las cenizas del cigarro. La conmoción, que
en tan pocas horas invade mi ser, mueve mis piernas, irrumpe en mí; ya no
existe el hambre, esta tranquilidad ilumina el día como tres soles gigantes,
nada se compara con la sensación de saber qué hacer, y en qué momento. Todo es
perfecto, en tan sólo catorce horas encuentro la respuesta; la distancia de mi
hogar ya no es necesaria, pero aún faltan dos días para que mi autobús de
regreso arribe a la central camionera.
En
menos de cinco minutos de salir de la mina; y recorrer las calles inclinadas de
la ciudad; encuentro la alameda central. Recorro su calzada dos veces. Los
arbustos, las fuentes entibiadas por el calor de la tarde, los sauces, los
álamos, y los pinos, adornan el paseo. A lo distante escucho el sonido de un
tren. Hay una niña sentada en una fuente, acompañada por su madre…
Con
la distancia pensé que eran dos niñas, debido a la estatura.
…
Me acerco a ellas y les pregunto cómo dirigirme a la estación del ferrocarril.
Quiero montarme por vez primera en una de esas máquinas del tiempo: “Tome un
camión rojo en el monumento a la madre, el ruta ocho”, dice la señora. Les doy
las gracias con una sonrisa y me encamino al monumento a la madre. No hay
manera mejor de terminar mi búsqueda que de esa forma; y mientras decido qué
hacer, me acerco a una chica con aire de extranjera.
-Buenas
tardes. Disculpa, ¿por aquí pasa el camión que va al ferrocarril?
-Buenas
tardes. Sí, eso creo, yo voy a la mina de El Edén- responde y pienso: La
propiedad de un saludo cabe en la juventud.
-¿En
serio? De allá vengo. No es muy lejos, pero no recuerdo como llegar ahí, ¿Eres
de aquí?-
-No,
apenas tengo aquí una hora, no he encontrado ni hotel.
-Déjame
decirte, de turista a turista, que encontré un hostal muy bueno, céntrico y
bonito, donde atienden una pareja de señores bien amables. Si quieres te doy la
dirección o te acompaño, de todas formas no tengo lugar fijo para ir, ando
recorriendo sin sentido las calles
-Está
bien, ¿cómo te llamas?
-Yo…
pero mi nombre es André, soy de Durango. ¿Y tú?
-Coscma,
yo soy de Alemania, pero estudio aquí en México, en Guadalajara. Qué bueno que
también estás vagando solo en esta hermosa ciudad.
-Estás
sola, estoy solo… ¿Porqué no estar solos juntos?
Dije
en las mismas palabras de Frank, con tono diferente, pero las mismas. Seguido
de ello, nos montamos en un camión después de preguntar al chofer si pasaba por
la mina El Edén. De haber sabido que está a la vuelta de la esquina; a unos
pocos metros; no nos hubiésemos subido al autobús, eso dio pie a muchas risas y
a intercambiar palabras.
Somos
dos extraños en una ciudad desconocida. Parece mayor que yo, pero me ha
confesado que tenemos la misma edad. Frente a la alameda central, en la parada
del autobús, una relación comienza. Las palabras durante el camino a la mina
son tan sin sentido, que llamarle conversación es colocarle un término
calificativo, ya que no hay nada que lo describa como es. Preguntas vagas,
respuestas cortas; el silencio entre los dos es la regla común, aunque las
sonrisas y las miradas denotan la compañía.
-Una
pregunta: ¿no te da miedo viajar sola?- le pregunto con voz firme.
-Claro.
Hay que ser muy precavida en todo cuando se es mujer, nunca sabes con qué te
toparás.
Es
la primer chica que conozco que se aventura a viajar sola. Siempre había
escuchado; a mis amigas de la escuela; decir que les gustaría viajar de
mochileras, pero todas mencionaban que no lo hacían por miedo a lo que les
pasara en esos viajes. Creo que les faltaba aventurarse más a lo desconocido
sin hacer caso de sus miedos, eso voy aprendiendo con Coscma.
-¿Qué
música te gusta, Coscma?
-Pues…
la electrónica. Me encanta el Techno.
Después
de su respuesta, dirigimos la mirada a otros jóvenes que se acercan a la entrada
de la mina, del lado donde se entra en un tren pequeño. Ella dice que son
alemanes, y no sé por qué pero le creo. Seguimos en silencio, ingresando a la
mina con cascos amarillos en nuestras cabezas, y debajo de ellos, una malla
desechable blanca para el pelo. Volví de nuevo a las entrañas de la tierra,
donde conocí gente de todo el mundo; a un señor de Guatemala, una pareja joven
de Japón y una familia de Italia.
martes, 19 de febrero de 2019
Libros que todo hombre debe leer
Esta ocasión me nació la tarea de ofrecer una pequeña lista de libros que todo hombre debe leer. Recalco el verbo leer. Nada de resumen o videos, tutoriales, películas. Esto se debe a que ciertas frases y situaciones se explican detalladamente en las páginas. Dichos libros les ayudarán a saber el porqué es necesario invitar una comida a una mujer, obtener independencia tanto financiera como de espacio, así como mantener una solvencia moral y ética.
-El Padrino, de Mario Puzo
-Adiós a las armas, de Ernest Hemingway
-De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami
-Recopilación de poemas, Jaime Sabines
-Poemario, Los Versos del Capitán, Pablo Neruda
-El arte de la guerra, Sun Tzu
-Todos los de Schopenhahuer
-Frank Sinatra y el olvidado arte de vivir, de Bill Zehme
El orden no implica importancia.
Incluyo a Frank Sinatra porque en una parte vi que todos los días, estuviera donde estuviera, hacía llamadas telefónicas a sus hijos.
jueves, 30 de agosto de 2018
Miles Davies
Algún tiempo atrás, varios años ha, visitaba blogueros al azar. Un día me llamó la atención de los post de una chava, que no recuerdo otra cosa más que Jazz y Miles Davies. Como no tenía internet a disposición, guardaba información y cuando pudiera, me adentraba a investigar. Recuerdo eso, y después dejar correr algunas canciones. A la par, pero más claro en la memoria, iba a la tienda de discos a revisar Cds. Cuando tenía dinero, el día de pago semanal, compraba uno o dos. Basándome en recomendaciones de cantantes o escritores o revistas, y formé mi primera tríada de Jazz. Fue diferente tenerlos a disposición, aunque fuera reducido. Un par de años luego, ya con internet y mucho tiempo libre, dejaba correr youtube (para entonces ya aprendí cómo) las sugerencias. Sin mucha atención, salía una y otra vez en mis elecciones el albúm Kund of Blue, de Miles Davies. Durante esas jornadas de limpieza y acomodo del departamento, me hacía sentir algo así como estar cómodo, sin exaltaciones ni esperanzas.
Estas fueron mis incursiones al género, como recuerdo, lo que me llevó después a conocer amigos de igual afinidad, para reunirnos pocas veces al año a escucharlos, hablar de ellos, y conocer más de otros autores. Sublime encuentro de esas personas. Y en mis años de soledad, me acompañaba de la melodía azul en medio de la noche, y quienes me conocieron en esa etapa saben que podíamos hablar por horas y sentirnos uno siempre y cuando estuviera Kind of Blue.
Sé, ahora, que no fui el único.
martes, 7 de agosto de 2018
domingo, 28 de enero de 2018
DON
Esos años que tu invierno
aguardaba
en brazos me llevaste
al mercado y rumbo al hogar
que con penas preparaste,
y ahí, crecíamos por separados
durmiendo en la misma cama
con mi madre:
En medio de la noche platicamos
entre dinosaurios y héroes
construyendo palabras y colores;
prestaba hojas con tinta
hasta explayar el sonido de tu
eco:
Hoy te permanecemos
sin que hayas adivinado nuestro
número.
jueves, 21 de diciembre de 2017
Semillas
Los cimientos de la simientes
Contrajeron, perpetuaron
Claves ancestrales
Al beber de la tierra
Y, a deshoras,
Anidan el calor del día
Bajo la noche
Cobijados en penumbra
Mas nunca olvidan la raíz
Que su tronco perpetúa.
Maíz, café, avena
Arroz, frijol, cardamomo:
Cuidar los sueños en vigilia
Así como continuar tradiciones.
Esta era su premisa
Cual plegaria sempiterna.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
DESCALZO por la casa ando, tropiezo con la ropa, las maletas y los zapatos. Somos los únicos muebles que van con tu aroma. Aún nos qu...
-
https://www.amazon.com/dp/B097N6JS11 LADRÓN DEL TIEMPO Descalzo por la casa ando, tropiezo con la ropa, las maletas y...








