lunes, 18 de agosto de 2014

Avance novela: "Archivo: André Lovedy, Estatus: Desclasificado"


Sobre la Ducati avanzando con cautela bajo la lluvia, escuchaba una vieja carpeta de música en su Sony Ericsson. La primera canción fue Club foot, de Kasabian. Ahí encontró los recuerdos de las contadas veces que se levantaba antes del amanecer para iniciar su entrenamiento. Corría siete kilómetros por caminos ascendentes y descendentes en un cerro cercano al Boulevard de Los sueños Rotos, cargando su chaleco reforzado para sostener treinta kilogramos. En interludios en lugar de descansar hacía flexiones, para retomar la carrera y volver a la rutina de una hora. Esas jornadas le ayudaron a mantener la condición física aun con su estilo de vida. De aquella manera las cajetillas de cigarros, las botellas de vino tinto, de Jack Daniel’s, de brandy, y de cerveza, jamás alterarían el correcto funcionamiento de sus órganos y músculos al momento de requerir todo el esfuerzo de ellos en una labor belicosa. Pero la siguiente rola le produjo un horror inusitado en su alma. Era de Kaiser Chefs: Ruby. Esa canción tenía el mismo nombre de la mujer que amó en la universidad, la última con quien mantuvo relación estable, con quien pensó casarse, hasta que todo aquello se fue a la mierda, destruyendo circunstancias que odiaba recordar. Let it never be said, the romance is dead…, decía al comienzo. Cuando la vio en alguna ocasión luego de la ruptura y que conversaron, él solía mentir para continuar hablando. No podía hablar con la verdad a quien interpretó una mentira con audacia de actriz principal. Aquella relación pertenecía al pasado, y aunque olvidara el motivo de la separación sabía que al tomar una decisión estaba dispuesto a no ceder y mantener la postura hasta las consecuencias no previstas cuando se la tomó.
Luego 30 Seconds to Mars, con Beautiful lie, confirmó su sentir por la de la universidad. Estructurada para destrabar lo encadenado de una emoción fulgurante, al reconocer los movimientos sónicos aceleró a fondo, forzando el motor. Las revoluciones por minuto a tope serían su escape de recordar. Las siguientes rolas alimentaron su aislamiento: Everlong, Secret smile, Run… Nada le importaba a ese instante mas que sentir la velocidad sobre las avenidas, bulevares y calles. Incluso alargó el camino. Así se alejaría de los climas helados en su interior, el del ambiente y el de las palabras que alguna vez, en varias ocasiones, compartió con Rubí. Tras años de el suceso, lo asediaba, le seguía en toda ciudad, rincón, sueño.

Y terminó con Maybe tomorrow, de Stereophonics. La melodía le provocó una calma necesaria con esmero al instante. Lo liberaba de los fantasmas desencadenados en las cavernas de sus recuerdos. Esas sensaciones nacían tan naturales como los vuelos de las aves blancas encima de su Barracuda descapotable cuando recorría las calles de Durango un día de verano, con los Cobra o solo. Podía verlas, seguir su dirección, pero dentro de sí ansiaba ser tan atrevido para lanzarse por el precipicio y sentir el vértigo de caer. Así no habría más mañanas teñidas de Rubí.

Maybe Tomorrw, Stereophonics

viernes, 8 de agosto de 2014

AL DESPERTAR

Extracto de "Diez historias y un segundo", año 2010


“Le dijo cómo la extrañaba más cada vez que se acostaba con otra; que no importaba lo que ella hiciera, pues sabía que no podía curarse de su amor”
Ernest Hemingway




-Responderé cada pregunta que me hagas- dijo ella.
El hombre pensó en lo que diría. Sinceramente no deseaba comenzar por una pregunta en específico.
-Pedro- dijo al otro hombre en la casa-, quiere que le pregunte lo que quiera.
Pedro se ocupó en terminar de lavar los vasos en el fregadero. No respondió más allá de una risa apagada al primer hombre. La mujer estuvo esperando con anticipación la cuestión, desde el otro lado del mundo.
-No he sabido nada de ti en dos meses. En mi condición actual no sé qué quiero… Puede ser difícil responderme; imposible diría yo.
-Aún así; responderé.
-¿Por qué terminaste lo nuestro?
Después de una pausa en la comunicación escrita, el monitor avisó la respuesta:
-Tú mereces todo. No podía verte por la distancia. Sentí que no estaba dando lo que te hacía falta. Por eso lo hice. No te imaginas cuánto me duele.
-Lo que necesitaba eras tú.
-Eso ya no se puede arreglar. Ahora lo sabes.
-Estuviste con otro. Regresaste con él.
-Sí, pero fue para terminar de una vez por todas. No duró más de una semana.
El hombre quiso haber escrito que aquello era una tontería, pero aguardó unos segundos a que su amigo terminara de secar los vasos. Pedro ya tenía un vaso seco, y el trapo lo revolvía en el interior del segundo. Vestía una playera descolorida, y su pantalón tenía las marcas de tierra que dejó el trabajo del jardín. Al terminar de secar el vaso, Pedro escuchó que su amigo encendía un cigarro.
-Estás muy seco conmigo.
-¿Seco? ¿Cómo se supone que debo estar, si es la primera noticia que tengo tuya en mucho tiempo?
-¿Qué sientes por mí?- preguntó ella.
-¿Y todavía lo preguntas?
-Dímelo, quiero escucharlo.
El hombre rió, sabía que el escribirlo no provocaría ningún sonido audible. Luego dijo:
-Cuando te vea sabrás que mi alma continúa en el mismo sitio.
-Te amo. Mi corazón no es tuyo.
-¿No es mío?- preguntó el hombre, alzando el cigarro encendido entre sus dedos sobre su cabeza.
-Perdón, me equivoqué. Quise decir que sí es tuyo.
-No te preocupes. Ya todo pasó, lo dijiste. Entiendo lo que sientes.
-¿Crees poder perdonarme?
-Cuando te vea verás que en mi alma lo que sobra es el perdón, así como un lugar en mi corazón para tu nombre.
-Quisiera tenerte. Iré a México.
-¿Para estudiar medicina?
-No, porque te lo prometí.
Pedro salió al jardín, donde el otro hombre fumaba frente a la computadora portátil. En sus manos llevó los dos vasos con vino tinto en su interior.
-¿Qué tanto dice Mary?- extendiéndole un vaso de vino.
-Según ella vendrá a verme. Sólo por eso.
-Kizuki, otra vez está incitándote.
-Déjala. Su ruleta rusa me acecha.
-No pierdes nada, Kizuki.
-¿Sigues ahí?- dijo ella. Kizuki desconocía la manera que Mary vestía para ser esa hora, de noche. Se figuró que estaba en camisón sobre las sábanas de su cama; el agradable contorno de su rostro; sosteniendo entre sus piernas cruzadas la computadora portátil. Con ese pensamiento contestó:
-Sí, aquí sigo. Es que estaba hablando con el amigo que te dije. Por cierto, te mandaré tu regalo la semana entrante. Mañana no estará abierto el correo. De nuevo: Feliz cumpleaños.
-Gracias. Me lo has mencionado mucho, y te agradezco grandemente que te acordaras. Lo esperaré paciente. Te amo. Me duele.
-¿Qué te duele?
-Todo lo que ha sucedido. El que nos hayamos apartado.
Kizuki pensó en que realmente siempre estuvieron apartados. Se conocieron unos meses atrás, y hablaron por diez minutos antes de la función de teatro en que participaron. Ella era la actriz principal de Sueño de una noche de verano. Él interpretaba un papel secundario con cinco líneas. Era la puesta en escena de estreno, donde Kizuki sustituyó al actor enfermo. Al término de la función, empacó sus maletas porque en México lo esperaba un papel protagónico, y sólo hubo un intercambio de direcciones y teléfonos por parte de Mary y Kizuki. Después nada. Ni un café, ni un baile. Nada.
-¿Tienes fuego, Kizuki?
Pedro recibió el fuego del encendedor de Kizuki. Volvió a un rincón para fumar y seguir escuchando la música que sonaba desde la computadora. Bebía de su vaso sin mancharse la playera ni los labios.
-¿Para cuándo vendrás?
-No lo sé, Kizuki. Estoy trabajando en un consultorio y asisto a cursos de medicina con un doctor reconocido. Pero te digo que iré a México.
-Eso espero. ¿Y si te mando el dinero para que vengas?
-Te digo que el dinero no es problema. Además mis papás no me darán permiso de un día para otro.
-¡Te hablaré por teléfono y les pediré permiso!
-¡No hables, están dormidos!
-No me importa- contestó Kizuki, pero en su mente pensó: no iba a llamarlos hoy, me esperaría hasta mañana. Tal vez.
-¿Qué estás haciendo?
-Hablando contigo, Mary- respondió más tarde-. De hecho se está haciendo tarde. Vine para colocar el pasto de la casa de Pedro. Ya te dije. Estoy cansado y debo dormir.
-¿Me hablarás?
-Claro. Es un hecho.
Y la comunicación terminó con unos: hasta luego. Pedro se acercó a Kizuki. Éste le enseñó la conversación escrita por una hora. Esa noche no había el viento propio de los meses de Marzo. A pesar de que el invierno finalizaba, el frío se podía sentir en los dos cuerpos de los hombres sin abrigo. Mientras bebían y fumaban, ambos continuaron conversando. No había estrellas sobre el cielo.
-Estabas apagado cuando llegaste. ¡Mírate ahora! Te ves contento. Te hace bien saber de Mary.
-¡Brindemos por  la felicidad y por saber cómo contestar!
Chocaron los vasos de vidrio. Tomaron el resto de vino en los vasos, y Kizuki descorchó la segunda botella de malbec que se encontraba detrás de él.
-Qué bueno que te ves mejor.
-Si te fijaste, yo no dije que la amaba.
-Ella entendió lo que quería entender. ¿Y qué harás con Nabile cuando venga Mary?
-Eso sería un problema. Todavía está en veremos que venga. Ahora Nabile tendrá motivos para pelarse conmigo. Siempre me pregunta que si estoy seguro de casarme con ella.
-¿Lo estás?
Kizuki no respondió a Pedro. Siguió bebiendo el resto de vino y al término, se despidió de él. Caminando debajo de la noche, comenzó a sentir helado el clima. Para haber bebido no sentía mas que el alma inquieta, sin ningún efecto de mareo. Andando cerca de su casa, regresó a su mente la conversación con Pedro. Esas palabras sonaron vivas: ¿Lo estás? Como oleadas se repetía la pregunta. Frente a la puerta de su casa, se dijo finalmente:

-No lo sé… pero sé que Mary no vendrá. Anoche soñé que despertaba, y en mi despertar dormía. Pero a mi lado siempre descansa Nabile.

sábado, 2 de agosto de 2014

Entrevista a Karlo Toreles




ENTRE MUSAS Y UN CIGARRO


El escritor 
duranguense
Karlo Toreles
abre la puerta
de su universo
habitado por musas,
para explicar a fondo
la base
de sus poemas y relatos.

"No hay luz verde cuando se trata del amor,
siempre pásate los amarillos y los rojos".

Karlo Toreles
escritor


En la mesa sólo había un libro de Murakami, una cajetilla
de cigarros, un encendedor, y una taza de té de menta. A
pesar del ruido que llegaba desde la avenida más transitada
de la ciudad, el interior del pequeño café era solamente tranquilidad.
Eso es lo que experimenta Karlo Toreles, quien adoptó desde hace tiempo, 
ese lugar como su favorito para beber té, fumar y crear.


EL ARTE DE ESCRIBIR

Escribe para resolver sus problemas.
Por eso lo hace cuando está más consciente de lo que 
sucede a su alrededor, o cuando experimenta algo
fuera de lo normal. Descubrió su amor  por las letras
gracias a las cartas, que están en su vida desde los seis años,
cuando creía que llegaban en un día sin importar la distancia
entre el remitente y el destinatario.
Pero una carta pierde gran parte de su esencia  si no es 
enviada por correo, y Toreles nunca olvida este paso.
"Soy todo un dinosaurio", afirma.
     A las cartas se les unieron novelas y poemas, con personajes
sacados de su día a día. Mas las historias que cuenta se 
componen  de muchas piezas: mujeres, vino, whisky, la noche,
la soledad, la arquitectura colonial, las personas desconocidas
y Frank Sinatra, entre otras.
"Cada elemento lo veo como una nota musical", menciona,
"y trato de plasmar esos momentos en que se unen 
en la medida exacta para crear un instante sublime".
Sin embargo, su ingrediente principal es el amor.


EL PRINCIPAL COMBUSTIBLE

A todas las definiciones que existen de este sentimiento,
se une la de Karlo:
"El amor es el primer pestañeo que viene antes y después de soñar".
Así, admite sin dudar que es "su principal combustible" no sólo al momento
de escribir, sino de vivir.
A pesar de que el mundo pareciera volverse más virtual,
con una pérdida importante de sensibilidad, el escritor
duranguense piensa que el "morir de amor" es una condición
inherente a los seres humanos y que existirá
"mientras haya una persona lo suficientemente
noble y valiente como para encarar las situaciones
que se presenten en su relación".

Karlo Toreles también nos da un consejo:
"No hay luz verde cuando se trata del amor,
siempre pásate los amarillos y los rojos"


LA IMPERFECCIÓN DE LAS MUSAS

Hombres como Monet, Pedro Almodóvar o Xavier Velasco
transformaron  la percepción  de las musas  y lograron que 
más allá de ser simples adornos en el arte, tuvieran
un rostro y un nombre reconocibles. Karlo se une a este
grupo, y las convierte en auténticos impulsores 
de los mundos que crea.
    No adopta a una o dos. Para él, una musa puede aparecer
en diferentes cuerpos: desde una mujer que camina por la calle
con su hija de la mano, hasta las que llama "las flores lindas",
es decir, aquellas con las que en algún momento cruzó 
la mirada, sin necesidad de llegar a algo más.
El proceso de convertirse en musa se divide en dos partes:
"que corresponden a las maneras en las que un 
hombre se enamora de una mujer", explica. 
La primera es la súbita, la del amor a primera vista.
La segunda es la que surge gracias a  una continua convivencia,
en donde la paciencia es clave, y en la cual "se descifra el
por qué entornan los ojos mientras hablan, o por qué 
no usan aretes ni maquillaje", indica. Ya sea que se
parezcan o, por el contrario, sean totalmente diferentes,
guardan una cosa en común: no son perfectas.
"En eso recae que sean musas, en su imperfección".
     Al terminar el té, la cajetilla contenía la mitad de lo 
que al inicio llevaba en su interior. Fuera del café, la vida continúa 
sin alteraciones. 
¿Cuántas musas habrá encontrado hoy Karlo Toreles?
                                 Sólo él lo sabe.

                                                                            Sac-Nicté Calderón







domingo, 29 de junio de 2014

25 de Junio


Cabellera de piedra,
lluvia horneada en las vainas de la tarde
qué fatiga y cómo faltas:
dos cuestiones de jaula
y un molino en el pecho:
Para restaurar las esfinges
hay que invocar constelaciones en esperanto.

Definitiva y precisa
como la noche
como lluvia de otoño
que viene detallada bajo el sol ausente
permanece con alas extendidas sobre recuerdos:
Un violín vino a despertarme
en el sueño mutuo de que volvías de tu exilio:
Manjar de sensaciones...
puesta de sol...
un incendio del alma
una pasión por deshojarte
despacio
a gotas
como pronunciar tu nombre,
así en mi mano cerrarte y sostenerte
hasta perpetuar al niño que canta
y trae tu risa en el rostro.


Durme, bella, duerme.
Mi descanso es el tuyo
mi cielo es tu libertad.

sábado, 14 de junio de 2014

Extracto: "El gran amor de los muertos"


El saxofón sobrevolaba entre las mesas, adornadas con una pequeña lámpara en el centro, iluminando las bebidas, empujando la luz a la tela rosa sostenida por delgadas varillas de metal al foco. La oscuridad reinó en los rostros de los clientes, al igual que en el bar. El whisky en las rocas reposaba en la mesa siete. Jack Daniel’s. El preocupado, ensimismado; arrojando una profunda seriedad en las personas que le vieran; rostro del hombre de la mesa siete, se enfocaba en distinguir las melodías y las voces en inglés, traduciendo cada palabra, cada sentimiento, porque se identificó con el ritmo. Esa mirada profunda ocultaba toda su vida tras el grueso telón en que tornaba su rostro. Los candiles; pendiendo de las paredes; multiplicaron las sombras, los sentimientos, los secretos de los clientes. Inició una nueva canción. Stormy Weather; de Billie Holiday.
Don’t know why there’s no sun up in the sky…
Stormy weather…
Since my man and I ain’t together,
keeps raining’ all the time…
El piano marcó el ritmo de la canción; marcaba y revivía imágenes en el hombre de la mesa siete. “Un abrazo es más íntimo que el sexo… ahí se unen los pensamientos y los sueños, los temores y los recuerdos. Se unen los latidos, consonándose, vibrando en el lenguaje del sentimiento verdadero en el momento. Si los abrazos fuesen la extensión del alma, ni existiría el sexo ni las generaciones, porque todo sería comprendido sin palabras”, pensaba el hombre, mientras sostenía la mirada perdida en un punto invisible detrás de la cantante.
Life is bad, gloom and misery everywhere…
Stormy weather…
Just can’t get my poorself together,
I’m weary all the time… the time...
So weary all the time…
When he went away the blues walked in and meet me…
If he stays away… old rockin’ chair will get me.
“La soledad, mi fiel amiga, mi amante, no se aparta y me acompaña sin importar mis flaquezas o éxitos- continuó pensando el hombre de la mesa siete, sorbiendo de su vaso-. No se preocupa por mi bienestar ni me reprocha mis desvaríos. Quisiera abrazarla y decirle lo mucho que la aprecio, lo poco que la extraño cuando sé que vendrá, después de las personas y antes de ellas”.
All I do is pray; the Lord above will let me walk in the sun once more…
Can’t go on, everything I had is gone…
Stormy weather…
Since my man and I ain’t together…
Keeps raining all the time…
Keeps raining all the time…
 “Una prostituta adolecente se convierte en una cantante inmortal, la única que puede sentir el efecto de la letra… la única”, se dijo el hombre. La sombra del vaso en las rocas cambió de posición; la mano del hombre dilucidaba una intranquilidad en él, la que ocultó del otro hombre que estaba acercándose a la mesa siete.

When he went away the blues walked in and meet me…
If he stays away… old rockin’ chair will get me.
All I do is pray… the Lord above will let me… walk in the sun once more…
Can’t go on, everything I had is gone…
Stormy weather…
-Lovedy, sabía que te encontraría en este lugar- dijo el otro hombre.
Lovedy ni volteó a mirar al personaje que le hablaba, continuó dirigiendo la atención hasta la banda en el centro del bar. Lovedy traía un traje negro ceñido, con corbata y chaleco también negros, al igual que un saco de lana con doble solapa. La camisa blanca relucía entre la poca luz del bar. Incluso las mancuernillas brillaron desde sus mangas francesas. El saco reposaba en el respaldo de la silla.
-Lindo traje, ¿lo mandaste hacer con el sastre que te recomendé?
Lovedy alargó la mano hasta su whisky, y sorbió un pequeño trago. Una mirada al interlocutor, sentado a su izquierda, bastó para contestar que no era así.
-Estaba buscándote para que me ayudes. Tengo…- interrumpiendo las palabras del otro hombre, Lovedy habló:
-Esta canción es melancólica, ¿no lo cree?
Since my man and I ain’t together…
Keeps raining all the time…
Keeps raining all the time…
El segundo hombre; con su fino traje café y sombrero de media ala; se distrajo de lo que iba a decir. La canción terminó. En eso, el camarero llegaba.
-¿Se le ofrece algo de beber, señor?- dijo el camarero al segundo hombre.
-Quiero lo mismo que él.
-Perfecto. En un momento se lo traigo.
Al retirarse el camarero, Lovedy añadió:
-Lo que tomo, no se pide, llega sin previo aviso.
-Estás muy raro, ¿qué te sucedió?- dijo la voz bajo el sombrero de media ala, empujando la pregunta hacia delante al igual que el torso sobre la mesa.
-¿De qué quiere hablar?
-Pues… hubo un “evento”.
La última palabra la había dicho de manera sedante, recalcando que hablaba en código, un código sólo conocido por ambos. Significaba un homicidio, un secuestro, un robo mayúsculo, o cualquier circunstancia que haría temblar a la justicia y la razón.
-Vicario, sabe dónde encontrarme. Perdón por mi falta de cortesía, he tenido…- Lovedy detuvo su voz, dirigió la atención hacia el camarero que regresaba a la mesa, enfocó el whisky en las rocas llegando sobre la lisa superficie con el mantel verdoso, y pidió otro igual. Había un brillo pequeño que escurría en color ámbar a través de la bebida-. He tenido que venir por un momento de…
-¿Qué?- preguntó el Vicario, con una voz queda, dejando la mirada sobre Lovedy. Alargó la mano sobre su bebida y después la retiró a su bolsillo del saco.
-Necesitaba venir, estar solo. Es lo único que quería. Continúe.
La cantante reverenció los aplausos, el alimento del artista, y así se nutrió para continuar con una canción nueva. Era una nostálgica voz diluyéndose desde un cuerpo informe, moreno, coloreado rojo sangre en los labios carnosos. Treintaicinco años, setenta y tres kilos, e innumerables fracasos, se adivinaban bajo las ondas sonoras ordenadas, que se sumaron a la trompeta y los latidos del tambor. El tiempo transcurría e iniciaba nueva canción: Summertime.
-Lovedy, no confío en las fuerzas armadas ni en los federales, sólo en ti y en quien tú confíes. Sé que eres diferente, tal vez un poco raro para las personas. Pero sin duda tu soledad, y tu forma de actuar, insinúan los secretos que guardas, grandes y temerarios seguramente, seguramente temerarios. Las circunstancias me obligan a no hablar más de lo necesario- por debajo de la mesa le pasó a Lovedy una pequeña carta después de hacer una seña, la cual, consistía en tocar dos veces su nariz con el dorso del dedo índice-. Ahí está todo. Sabes que consigo el equipo y el transporte, encárgate de las personas.
-Así será… Vicario… Billie Holiday revive en este lugar, pero su encargo será necesario realizarlo sin melancolía… me toca llamar.
El Vicario levantó su cuerpo, dejando la bebida intacta en el mantel, y, mientras sacaba su cartera, Lovedy habló:
-Así déjelo, yo pago.
-Amigo…- contestaba el Vicario, con una cara seria y decidida, pero no tan profunda como la de Lovedy-. Estamos en contacto, los pormenores vienen ahí- dirigiendo la mirada a la carta, que seguía reposando en el bolsillo del saco de lana en que Lovedy la dejó; la interior derecha.
-No se preocupe, el personal corre por mi cuenta, y soy responsable de ellos.
Los aplausos resonaron de nuevo. “¿A quién se le ocurriría inventar un choque de manos para demostrar aprobación?”, pensó Lovedy. Parecía que estaban aprobando la retirada del Vicario, pero estaban dirigidos a la cantante, regresando la alusión con la reverencia cortés, la misma de el término de las seis anteriores.
Lovedy nuevamente quedó tan solo como la lámpara de la mesa, únicamente iluminado por dos whiskys y la música melancólica del bar. Cerca se encontraban parejas de hombres de más edad, todos con vestimentas formales y elegantes. Reinaba un pequeño susurro proveniente de cortas conversaciones en las demás mesas. La banda era un conjunto de hombres de mediana edad, casi todos morenos. La cantante y los músicos parecían una familia de sangre, pero la sangre que los unía era el sentimiento que evocaban. Eran del agrado de Lovedy. “Me gustaría regresar a tocar guitarra o cantar. No, creo que eso no es lo mío”, se dijo Lovedy, tras beber el primer whisky por completo.

Dos canciones más y tres whiskys. Lovedy salió por la entrada principal, dejando sobre el verdoso mantel una propina generosa y una nota: “Dile a la cantante que es extraordinaria. Dale la mitad del dinero”.

jueves, 29 de mayo de 2014

27 DE MAYO, 2011


No nos hemos visto, es cierto,
Pero vivo contigo innumerables vivencias
que no se comparan a las que tengo
con quien dice conocerme.

Hay horas cargadas de melancolía
que se presentan en los recintos de mi hogar,
fuera de casa, en los jardines, en los estrechas
calles de ruido, por las aceras de piedra,
y cuando me siento en silencio a escuchar
tu voz escondida en el Viento del Sur.

Hay horas colmadas de duelo.
De esas pocas veces hablo
pues ya me acostumbré al dolor
y para mí es la piel del cuerpo.

Hay horas livianas donde siento desvanecer
las cosas ruines que perpetuo hago,
y creo que es cuando; en ese momento;
en mi poder construyo lo inexistente,
viajo bajo el océano, caminando
sobre las huellas de monstruos extintos
y poso mis manos en los cabellos negros
de aquella mujer que no está conmigo.
Su cabello se vuelve blanco
con tonalidades violetas y rubias,
terrestres e incendiarias
consumiéndose en cenizas que vuelan conmigo.

Hay horas cargadas de angustia
que me visita sin anunciarlo ni tocar
la puerta oscura donde voy a dormir.
Se presentan alegres, gritando efusivas.
En esos instantes voy a los árboles
corriendo de uno a otro sin alcanzar a ninguno,
decapito un compañero de vida y bebo de él,
o de ella, hasta aprenderme su nombre.
También cierro los ojos y finjo dormir,
soñar en los días que ella vino a servir
murmullos nocturnos en mi oído,
coloreado su canto con dichas para mí.

Pero de esas horas no hay domicilio.

domingo, 18 de mayo de 2014

ALA DE MIEL


En la espuma de los días
incienso y vino se convocan
a las raíces de los murmullos
donde las sombras se reúnen
cruzan puentes
                             doblan rincones
derriten cavernas
                                  y siembran patios de peces:
Cae un ave diminuta en tu mano
cascada de dulce en tu rostro
mas tulipanes en tu pared:
En tu mirada cabe la hoguera de todas las selvas
abrazada de los ancestros de cristal.
 Ala de miel
rímel del tiempo
collar de trenes:
Perpetúa mi beso en tu frente
como mantengo la noche en las azoteas.

miércoles, 23 de abril de 2014

AM a PM pasando por el FM de tu coche


Tu nombre se pronuncia a gotas.
Tu cabello cae como la lluvia.
Tu cuerpo que a mordidas
ya no sangra y sólo sabe
a licor de la noche embriagada:
El caramelo se pierde esta mañana sin deseo
al interpretar el murmullo de tu sueño.

Hay anhelos que evocan las carencias:
Oro
                             fuego
        fortuna
fama corta que no retiene vida o juventud.

Si tu fortuna no alcanza para Caronte
ni las arrugas se detienen en los mares
¿por qué ocupas la vida en guardar dinero para vacaciones?

Estacionado fuera de los tiempos
el abrigo desgarrado tiene polvo y silencio:
Es mí acompañante perenne
armadura contra hastíos
en los estivales vientos de tu ausencia.

Al comparar el vuelo de gorriones
con la herida abierta de mi pulsera
no hay confianza perpetua
cuando se destiñeron las sábanas el fin de semana.

Noche
noche ven
ovíllate a mi lado
seré el mismo aún si atardece
seré la tierra que cubra tu lecho si decides dormir conmigo;
soy quien dijo que fue y sería
en un regreso que se ha ido y se olvidó:
Para tus hijos no hice nada, me dijeron
mas te vi estornudar como quien ve un sepelio.

He trastocado los filamentos de la memoria
ayudado de Tchaikovski o de Sinatra:
Opté por el dicho de abuela:
En la noche nadie envejece:
Noche
                                     Noche mía
sé mapa y destino de mi sino.















domingo, 30 de marzo de 2014

Mata llamas

Mata llamas

Mata llamas tus venas de plata/
cualquier ánima marcas/
carne de llama perpetuas/
oscuros túneles de mina.
De sastre rituales derrumbas la muerte/
jóvenes sanos que apagan mi lámpara:
Mi lámpara riega aceite de llama/
les haces pagar con la vida su suerte.

sábado, 29 de marzo de 2014

Low Brow

Flores de Bach
Oil on canvas
Ricardo 2012

Ricardo en tu pintura enfocas/
arcilla deformas /
canales análogos/
cazas palomas con un elefante/
y amarras dinero a los dinosaurios.

Hostil a mentes malinches/
hostil a la muerte/
hostigas el cono de la fluorescencia:
Ese incienso no ha consumado.

Cambiaste las dimensiones en La última cena:
Tres entre doce no eran suficientes.

¿Escuchas ese ruido de la azotea?
Un Dios de la India ha venido a buscarte.
Que el tanque con tanques nos diga Tatanka/
si vuelve el Dios lo crucificaremos.

Come tu pozole mientras esté caliente/
aguardan las aguas la menta y tequila.




sábado, 1 de marzo de 2014

35




Por si no lo sabes
todas las noches te haces más pequeña;
cabes en mi mano, duermes entre mis dedos.
Cuando los fantasmas vienen a cobijarte
les ayudo a poner los sueños bajo tu almohada.
Respiras despacio y no sabes
que con cada aliento
me desvanezco en tu sueño.

Veo los columpios, las casas, el tabaco;
veo las calles, los pájaros, los coches;
y veo toda la ciudad desde tus ojos cerrados.

Por si no lo sabías
cuando te desvelas
quiero cerrar mi puño y guardarte en el bolsillo.

Esta noche,
como cuando te haces pequeña,
estoy a tu lado escuchando la noche.

Luego vienes a despertarme,
a quitarme el insomnio, a perder el equilibrio;
tus ojos se abren, se abre mi mano;
vuelvo a mi cama, la tuya
y ya todos despiertos;
los pájaros, los coches, las calles;
te preguntan si me has visto.