viernes, 24 de enero de 2014

Extracto "A. L. Desclasificado"


Mario observó el caminar de André acercándose al Templo Expiatorio como un turista; el casco se quedó en la Ducati. Bajaba del Chevy con la edición de El Universal enrollado en su mano para luego permanecer de pie, leyendo, a diez metros de él. Lovedy expulsó humo de sus labios realizando una seña para que se acercara lo suficiente como para aventar la colilla del cigarro.
-Mario- sin verlo, pero con el volumen propio para que el espacio que los distanciaba fuera cruzado por la voz-. Es la 1:00 pm. Ahí adentro veré al contacto en unas horas. Vigila los movimientos. Iré a dar una vuelta.
Asintiendo, el compañero del detective fue a sentarse en la fuente circular al centro de la plaza adyacente. André se perdía entre los transeúntes, quitándose la chamarra de piel y poniéndola en su mochila. Cambió las rolas en los auriculares por el álbum Morning  Glory. Al montar sobre la motocicleta le parecía reconocer irritación por la tranquilidad sosa de la letra, así que buscó en el Ericsson hasta que Smashing young man le devolvió la calma. “Eso se oye bien”, pensó, para pronto fijarse que el tono se interrumpía.
-Quiubo.
-Lovedy, soy Esteban.
-¿Qué pedo, men?
-¿Cómo has estado?
-Igual que siempre. ¿Qué plan?
-Es auténtico. Ya consulté todas las referencias y te doy mi palabra de que tienes una buena inversión.
-Perfecto. Luego te marco para pasar por él.
-Sirve que termino de explicarte la teoría en la técnica de Van Gogh.
-Mejor consígueme el cuadro que tenías en el monitor de tu compu.
-¿Cuál sería?
-Había un hombre bailando tango, y luce como si estuviera lloviendo.
-Debe ser una sincronización del destino, mi buen. Se titula: In the hands of passion.
-¡Oh! Perfetto- he hizo un ademán donde las puntas de sus dedos unidos en la mano derecha fueron de su boca al aire en una expansión tras simular un beso-. ¿Seguro?
-Sí. Y digo sincronización porque es de André Kohn.
-¡No mames, caon!
-En serio. Un figurativista impresionista. Sus cuadros tienen el efecto bajo la lluvia, y su talento usa mucho el rojo…- al instante Lovedy pensó en sangre.
-Bueno bueno. Luego me dices bien y vemos si es el mismo cuadro.
-Si es, no creo que esté en venta. Igual te consigo una réplica.
-Sale. Ahí estamos- y colgó. Tras encender la Monster 600 enfiló por López Cotilla hacia el Este. Desconocía la facilidad con que su mundo ensombrecido por los Ray Ban retornaba a ese color que incluso inundaba sus sueños.


-Qué me interesa el color, madame. Sólo deme un vestido de fiesta y un conjunto de ropa interior. Lo que importa es la transparencia y que haga juego- dijo el hombre con el vientre prominente, acomodando el sombrero gris de media ala encima de la calvicie.

-Está bien- respondió la chica, de igual vientre, pero veinte años dos meses cinco días tres horas menor y con cabello largo, en un tono que denotaba sentimientos heridos.


Sano y salvo Lovedy llegó al Parque de La Revolución, pausando la música, y se topó con la joven del expendio de cervezas sentada sobre una banca.
-Ah, que rico.
-¿Qué cosa?
-El perfume de tierra húmeda. ¿Escuchas los tambores? Es un ritual de agradecimiento por las cosechas. Lo hacen cada año.
-¿De qué hablas, Felicia?- era delgada, de baja estatura y parecía ser estudiante de ciencias químicas por los lentes de montura negra cuadrados.
-Los hippies de atrás- ante la respuesta Lovedy frunció el entrecejo.
-Ah…
-Es hermoso-.Mas para él cualquier alusión a un grupo étnico sub urbano sin disciplina resultaba en antipatía-. ¿Andas de excursión o por qué llevas esa mochila?
-Algo así. Espera; cuídame esto-,dejando la mochila en la banca se dirigió hacia el grupo étnico sub desarrollado amigos del ecosistema come yerba que estaba a diez metros-. Qué onda- dijo al primero que volteó-. Oye, ¿sabes dónde puedo poner mi campera?
-No- titubeando-. Éste es un parque-, con inseguridad colgada a sus rastas.
-¿Eres de aquí?- la respuesta fue afirmativa, don-. Entonces, ¿no sabes dónde puedo acampar?-, y no, en verdad no sabía, ni él con los jirones de ropa ni los otros cinco chavos tatuados y la única chava sin perforaciones en la ceja que le oyeron-. Osea, celebran las cosechas que siembran en un jardín público pero no saben dónde dormir bajo los elementos...¡¿Qué tipo de hippies son?!- alejándose;mostrando la pistola en su espalda al girar; fue hacia la chica de minifalda testigo de la escena-. Oye, gracias por el coche- y se colocaba la mochila.
-De nada. Aparte pagas bien. Violeta me pidió ayudarte en todo lo que pudiera. Mínimo me lo lavas cuando termines de usar el Chevystrón. Es el único patrimonio que puedo mover si cambio de profesión-. Al instante Lovedy pensó en dos cosas, por un lado cuál era la universidad donde había adquirido su título de acompañante sexual y, por el otro, que era una Killer Queen como Violeta Collins. “Tal vez sea similar a Mujer Luna Bella”.
-Oye,¿traes el…?
-Obvio, muchachón. También me advirtió que no te dejara seco. En mi bolso está el William Lawson.
-¿Sabes qué quiero hacer?- dijo a su oído, quitándose los lentes a la respuesta de que ni idea tenía y llevando la mano a su pierna depilada-. Estar con mi dedo tibio en la frontera donde el cielo y el paraíso se confunden, luego saber que en realidad no es el tacto lo que busca ese punto, sino que mi lengua se ha preparado y va de la mano de un susurro similar a éste. Ahí, reunidos los elementos, con libre tránsito, podría encender el paraíso hasta que nadie reconociera bajo las sombras a qué cuerpo pertenece cada aliento.

jueves, 16 de enero de 2014

30 de Diciembre



Ya no eres tú/ 
una puerta sin puerta que de adentro ve hacia afuera/ 
en este mismo silencio pero con más grillos/ 
agua sobre piedras/ 
café sobre la mesa/ 
la luz del fuego a través de las persianas en el rostro sin voz/ 
una noche que amanece en jueves
y una imagen santa que mira hacia el suelo:

domingo, 1 de diciembre de 2013

Colibrí Marino



Trato de evadir tu imagen de noche/
mientras en sueños la busco/
levanto sombras en la cocina/
te percibo caminar por el patio/
y vuelvo a perderte el rastro en la calle.


Trato de evaporar los dolores/
que se apoderan de nuestro reino/
dejar a un costado del plato/
los grillos que te arrullan al oscurecer:
De agua y pimienta te formo/
cuando sanas las heridas solitarias.

Trato de evidenciar cómo eres/
abrir los cofres del ático/
ser candado y alfabeto/
del intrincado recuerdo de tus despertares.

Tendí, cual pestañeo nocturno/
el lecho de tu descanso sobre la playa/
ayudaste en los mástiles/
como también en los cimientos:
Tardé en reconocerme en tus ojos/
pues mi máscara caía en tus alientos/
y una mirada naufragaba en la otra/
sin que ninguna voz pidiera auxilio.

He colgado el tiempo entre nosotros/
para que se pierda el horizonte en sus horas:
De hoy hasta verte no existe mañana.



viernes, 29 de noviembre de 2013

El ateo errante

     Siendo los tres últimos minutos de el 29 de Noviembre 2013, oígo, escucho, transito en los movimientos finales en la Segunda de Mahler, Resurrección, Su arrojo, heroísmo, violencia, solemnidad, armonizan a la noche que recordaré estando despidiéndome de mi ciudad, un hasta pronto, Nos vemos, como lo hice con un amigo a medio día que va de Alaska a Argentina en su moto. Hablamos de varias cosas, y me dijo que vivo mi libro favorito, iré con rebeldes, a luchar a su lado, como en Por quién doblan las campanas. Las cinco iglesias visibles desde este punto irán en mi memoria, la mejor fotografía que la falta de cámara me permite. Me doy cuenta que sembré varias semillas que germinan, crecen, se yerguen. Bien, muy bien, tengo trabajo por delante. Sin duda hoy, al abrir los ojos durante el quinto movimiento en esa sinfonía, vi moverse mi estrella, la vi, y como lo dije desde mi adolescencia: Cuando haga algo grande mi estrella cambiará de sitio. 
Olvido, renuncia, cambio, vocablos unidos a mi nombre, mis distintas personalidades, y los rostros que poseo.

Piki piki, volveré e iremos a ver los pecesitos a mi casa como pediste, y te llevaré a acampar donde gustes. Podrás decirme Pinchi cholo sin que te regañen, y seguiré dándote clases de idiomas. Algún día leerás esto y sabrás que te conté, y fue duro, y recalqué que volvería contigo, mi niña. Comeremos a escondidas de Bruno papitas, te compraré lo que quieras de la tienda, te haré Caída de la muerte y Lavadora, y dispararemos al cielo de nuestras pistolas.
Padre, papá, a ti mis respetos y lo sabes. Somos amigos, te lo dije, y cada vez que pueda escribiré carta a Sanganacio. Sé que mi ausencia es un vacío que no llena nada en ti, por eso no creas que esto es fácil pero que debo hacerlo. Y prometo que serás el primero en visitar al volver, siempre, con cada pensar de viaje, es lo que me acompaña. Contarte sobre lo que hice. 
Cobras, amigos, amigas, conocieron al Karlo y saben que esto es inesperado como todo en mi vida. Tampoco pensé realizarlo pero va conmigo, hacer lo que me plazca. Les diré que no esperen a que las cosas sucedan, sino HAGAN que suceda. Que les valga el dinero o las distancias o el trabajo, el karma bueno acompaña las almas. 
En una mochila cabe lo necesario, pero lo importante yace en los recuerdos. "Un libro cómpralo para una mujer, pero róbalo para ti". Se puede buscar una casa, pero jamás encontrar el hogar. No olviden ver hacia el cielo, de día o noche, es de lo más divino que la vida nos da. Recuerden que las mejores imágenes no se proyectan en salas de cine, están ahí afuera, en cada edificio, calle, parque, carretera, así que vayan. 
Alonso, gracias por todo, por dejarme solo y eso, como dijimos, de aquí hasta el Real (del mezquital). El fuego y los atunes serán vitales. La carretera nos espera para tirarle cervezas vacías.
Pablo, a ti te debo mucho, eres mi hermano y lo sabes. Tu amistad es una gran joya en mi vida y no te olvido (bueno, a veces, pero tú me recuerdas lo qué sucedió). Cuida mis cosas porque volveré, y ya sabes cómo soy, que me enojo si algo no anda bien.
Arath... tantas cosas compartimos y sé que te hago falta, pero no me perderé y tomaremos más vino en el cuartel, y cuidaré de ti como lo hiciste en mi vida.
Robert, uste ya anda en su rollo, como le dije, luego a su niña le enseño mermas. Y ya me dirá el día que su esposa le dijo que si iba con ese borracho otra vez.
Ribers, sin palabras. GRACIAS. Seguimos en contacto, en pie de guerra donde ande, y ya sabe que estoy en gran deuda. 
Famili, no se asusten ni piensen que ando mal, todo es decisión propia, todo. Un artista no es una persona normal en ningún sentido. La tarea del artista es transitar por recovecos ocultos para desahogar las inquietudes de los espíritus de la humanidad, y una muestra está en la Resurrección, de Mahler. O en la novena de Beethoven. 
Jefa, tranki, ya sabe que soy indestructible, hecho de Lonsdaleita. Que se cuiden de mí. 
¿Alguno de ustedes sabía hace dos meses que lo que ahora viven les pasaría? piensen en eso...
Ingrid, alguna vez te dije que lo que se escribe se vuelve realidad. Algo de eso hay en esto.
Me gusta cómo vivo, lo que hago, lo que sucede. A fin de cuentas, ¿De qué otra forma se podría decir que una persona vive sino arrojándose? ¿Acaso prefieren conmoverse por ver las cosas en las películas pero no en la vida real? Nadie sabe cuánto vivirá...
El cuartel, para quien no sabe, estaba escrito que viviría ahí con años de anterioridad. 
Recuerda, estás escribiendo tu propia novela cada día, así que por lo que más quieras, hazla memorable.
De nuevo, gracias mi Pablo, sin ese favor esto no sería posible, te digo, atrévete, aprovecha. Que nada te detenga y también sé cabeza fría. Hasta que veas que eso vale la pena. Viste cómo cambié, y mira a dónde me llevó.
Una cosa les digo. No hagan caso a eso de: "si tienes ganas de llorar llora", es como un bebé que no se controla y contiene al querer ir al baño. Háganlo, pero a solas. Conténganse. Así es como crecerán, controlando las emociones. 
Y, por lo que más quieran, dense el tiempo de oír la Novena de Beethoven, lo recomiendo a solas, una hora para ustedes, o la Resurreccion de Mahler, y verán que eso que sienten ha estado en la humanidad por siglos. Hay que aprender a estar solos. Es la eterna compañía, la verdadera respuesta.
Los hombres, la humanidad, debe salir de moldes, no reprimirse. Crean, tengan fé en las personas porque todos queremos lo mismo, estar bien, en paz. Cuando oigan de guerras, no teman, ayuden, prepárense. Hoy soy yo, ayer Robert o Claudia o James o Carlos; de Uruapan; pero en el futuro pueden ser ustedes quien se hallen en una situación de peso. 
Piensen que incluso el emperador de china, hace siglos, tenía menos que ustedes. No tenía refrigerador o coche a motor de combustión interna. 
Tía Irma, Gracias por todo, vaya a las pirámides, no es caro si sabe buscar. Como le dije, su rincón musical me inspiró. Atrévase, vida solo una. Esos alcoholes ayudaron mucho.
Tío Pepe y Martha, gracias por estar ahí al pendiente. 
No podría hablar de famili porque todos aportaron a través de la vida algo. Y, como dije en el post de mi Mamá Quina, mi tarea es llevar sus palabras a todo el mundo. Les mostré que incluso cuando el carro se descompone, se pude mirar el cielo y hallar cosas nuevas. Llenar el estómago no es tan importante como satisfacer las necesidades del alma.
Daniel, primo, cuídese donde ande, no crea que me olvido de usted. Le agradezco lo que hablamos en mi casa esa noche hasta muy tarde.
Karel, ¿Qué puedo decir? me cubrió la espalda en mis loqueras.
Luis, gracias por librarme de cárcel ante esos polis. Así soy, de irreverente. Pero vio que cuando es necesario estar sobrio, lo estoy. Tomando leche. Preocupándome si estaba peleándose.
Escribo como va saliendo así que no esperen algo profundo. Eso lo dejo para las novelas. Tió Freddy, cuidese y le agradezco que me ayudara con el refri. Tío Raúl, le recomiendo mejor andar en bicla, es la onda, neta que no se la roban. Yo ando de ciudad en ciudad y la gente es buena. Aún sin saber sus nombres, ayudan. Me sirve más una conversación profunda que una pantalla plasma. Comprendo que quieran quedarse en Dgo. Toda personaje que conozco quiere, en futuro, volver a su hogar, su pueblo. 
Raza, los años no hacen al hombre sino las experiencias, por eso me considero veterano. Por ahora no guerra ni legión. No sé luego. 
Neta, miren el cielo en lugar de la televisión. Mi casa está fabricada en poliuretano, con cierres, pero el hogar lo llevo en el alma. 

Miguel Ángel Ortiz, mi compa, estamos en pie de guerra, dándole a la vida tan duro como a las palabras. cuando viaje lo acompaño si gusta. Ésa libreta que me dio es única, donde escribo en Dátil. Para la historia.
Muchas personas faltarán, pero todas van en la memoria y en mis pasos. 

A los inquilinos de El Dátil, todos han estado ahí en momentos de borrachera y plática, los fuegos se encendieron para calentar el futuro. Quien vivió ahí es dichoso, cabrones. Somos ya una familia aunque ya no vivan ahí. Hemos compartido experiencias y tiempos. Todo se nutre. Seguiré despertándolos con música clásica.
Bueno, la noche me acompaña, como siempre, y el tren que me espera está por partir. Desconozco si en burro o camioneta o traila regrese, pero regresaré. 
Así que preparen el vino, whisky, cheve y tabacos, que mis luces querrán alimento.
Buenas noches desde la cama oxidada y el colchón duro, mi descanso llega hasta estar en Durango.

jueves, 21 de noviembre de 2013

612


A veces se encuentra sin buscar. Siempre he creído en ello. Quise retomar este tópico ya que, por un lado, hace unos años me gustaba oír a las 21 hrs. una estación de radio: Momento Romántico. Ahí pude volver a sentir. Fuera en el carro, o en casa, las sensaciones me invadían sin pedir permiso. Bien, muy bien, les decía. Vengan. Con ellas y a través de ellas escribí, pensé...  Por el otro, hoy, al escarbar, hallé una melodía que habla por mí. Esas veces en que un cantante habla por mí me encantan. Sólo añadiré otra cosa: 612.

jueves, 31 de octubre de 2013

Extracto de "Cansado de despertar", día de muertos


“Somos sombras sin recuerdo
moviéndose en las memorias que se pierden”.

Perla J. Beltrán





MARZO 10, 2013


Después de mí nadie viene
al lugar en que estoy
perpetuo
acostumbrado a la flor de su boca
marchita
tan lejana en el horizonte
de mi aurora
y ya en mutismo
en lo que sobre
irán mis siglos a su encuentro.

martes, 29 de octubre de 2013

FEBRERO 19, 2013



La marea de viento me transfiere
al lóbrego de los días,
esta noche
en que dos velas
resguardan tu partida.

Cuatro botellas de whisky habitarán
desde ahora
la alcoba tercera el primer bimestre
que nos abandonas;
juntos te esperamos,
unidos somos fuertes
tan sólidos cual río de selva
cual nube en el cielo
cual roca en montaña;
de lo que reste en la contienda te asustarás
y habremos sumergido las melodías
en que estatuas florecen de noche.


(grazie Fisher)

lunes, 15 de julio de 2013

28 de Noviembre 2012 (Flores en tu mirada)



Aquí yace el silencio de los pensamientos
las calles y los pasos
que las montañas quisieron transitarte:
Hasta la noche avanza solitaria
creyendo en la tragedia de la vida.
Otorgame tu oído y habla
cuando en mi ausencia vayan mis desvelos:
Extraño el púrpura de tu canto,
las cicatrices en nuestro jardín
los pájaros de incienso alborotado
y sus alas de fuego en el cristal.
Aquella tarde de invierno que llovía
mientras a mi pierna se aferraban los pucheros
no me abandonaste y pedías mi presencia
como los monjes que habitan en moteles:
Por eso te amo, mi niña,
con mis inservibles labios beso tu frente,
mi niña, para decirte mi niña,
nada podrá eternizar nuestra ausencia.


A Piki piki

jueves, 4 de julio de 2013

LONSDALEITE

I



-No veía nada.
-Cuéntame desde el inicio.
Quien no veía nada acomodó su cuerpo en la silla de madera que descansaba en la terraza del conjunto habitacional; la cúpula roja de una iglesia a cuatrocientos metros de distancia llegó de reojo a su mente. Luego el joven, cruzando los brazos y deshaciendo el movimiento, dijo:
-Ese día, lo recuerdo bien, era el último jirón de chochos que me metí. Además de ser mi cumpleaños, obviamente acomodé mi entrenamiento de dos meses para que cayera en ese día. Por la tarde fui a un concurso en el gimnasio de ver quién levantaba más peso. Quedé en segundo lugar de todos los del gym-. El hombre evadía mirar al joven de frente, no por ocultar sus propias cavilaciones sino para colocar toda su atención a lo dicho; así supo que chochos era la referencia a inyecciones de anabólico. Vestía playera azul claro con cuello en V, pantalón de mezclilla, sandalias de baño y tenía el cabello alargado lo suficiente para deducir que en cuatro meses no había acudido con el estilista. Aspiró de su cigarro al oír-: Terminando, unos compas me invitaron a una reunión, así, unas cheves leves-. Las dos palabras que finalizaron la frase le resultaron al hombre un poema corto-. Fui y estuvimos ahí como hasta las doce de la noche, ya en casa me quedé bien dormido. Sólo me tomé dos, para dormir a gusto. Y de repente, ¡pum!, se oye que golpean tres veces la puerta, pero a madres, recio; fue lo primero que oí y de volada me desperté y luego escuché a mi hermano que gritaba: ¿Qué pasa?, bajé en chinga en calzones; estaba dormido, te digo; y al llegar, que eran unos encapuchados...
-¿Cómo iban vestidos, de civil o de policías?
-De Estatales-. En la respuesta figuraba de implícito la palabra policía-. No sé de dónde apareció mi jefe y dijo que qué querían. Sin dejarlo decir más lo golpean, le dicen que se calle y preguntan por Fernando Olvera-. La mención del nombre hizo que de la boca sacara su cigarro el hombre de playera azul por pensar que el joven era buscado por adquirir ilegalmente las inyecciones-. Mi papá dijo que era él, y de volada lo sacan, en eso que mi hermano se prende y se agarra contra un policía y otro iba a darle un culetazo con el rifle pero en eso me metí entre ellos dos, el policía y mi hermano, y le decía que calmado, que yo era Fernando Olvera-. Hacía los ademanes como si ocurriera el evento en el presente en que se encontraba con el fumador-. Yo para entonces levantaba 30 kilos más que mi peso, y me vio y quitó el arma, como que me tuvo miedo. Sacaron a mi jefe de la casa-. Volviendo el cigarro a la boca, el hombre pensó por tercera ocasión esa noche en que el joven usaba la misma palabra para referirse a la misma persona en dos ámbitos diferentes en su vida: La familia y el trabajo-. El policía que golpeó a mi papá escuchó lo que dije y le gritó al comandante o no sé quién chingaos era, que había dos con el mismo nombre y le contestó que se llevaran a los dos. Nos subieron y nos gritaban que no miráramos o nos mataban.
-¿En qué los subieron?
-Creo que eran de esas camionetas de doble cabina que traen, pero la verdad no veíamos nada porque nos taparon la cabeza con una capucha o algo así. Cuando uno escucha de esto siempre piensa: “A mí no me va a pasar, los golpeo en cuanto los vea”, pero ya estando, la cosa cambia-. Aspirando junto al tabaco la enseñanza de vida, el hombre se dijo que el joven debía tener razón de sobra, pues conocía que su musculatura de ochenta y nueve kilos, la estatura de metro ochenta, su habilidad en artes marciales y su templanza, hablaron al unísono. Ese joven lo había sacado de apuros en más de diez ocasiones-. Nos dieron varias vueltas en alta velocidad por la colonia, como para destantearnos sobre el rumbo por el que íbamos, pero sé bien que hay un bache enorme en una de las dos únicas salidas, mientras que en la otra hay tres hileras de boyas. Nos sacaron por la segunda. Oíamos que dentro con nosotros iba una señora, y todavía fuimos a levantar más gente-. Contrario a lo que se pensara de estar despertando personas en horas de la madrugada, bien sabía el fumador que estaba haciendo mención al secuestro-. Nada más se oía: ¡Cállate, metete a la camioneta!, y de fondo mujeres llorando y gimiendo. Mi papá se dio cuenta que estaba la mujer temblando y preguntó: ¿Está bien?, pero no hubo respuesta. A mí me dijo: fíjate dónde pisas, que abajo hay una señora; y los polis lo callaron a golpes…
Su conversación continuó bajo las nubes de la tormenta que se avecinaba, dejando caer las primeras gotas con la frialdad de un recuerdo amargo. Así el joven explicó que esa noche sintió ser la última que habría de vivir. Explicó la cantidad de personas que se preocuparon en cuanto supieron del incidente y la forma en que aportaron apoyo; contactos, llamadas, cobro de favores. Explicó que hubo presencia de psicólogos para algunas personas no relacionadas directamente, que un matrimonio se adelantó, que tomaron precauciones tan delicadas que incluso cambiaron de domicilio seis veces. Tomando nota mentalmente del relato, los acontecimientos, las palabras, los sitios, el hombre accedía a una determinación nada sencilla:
-¿Quieres una cheve?
-Por eso las traje.
Y el hombre abrió dos Coronas de media de las que descansaban sobre el suelo. En su interior coexistían dos pensamientos divergentes. Por un lado sabía que ese joven lo conocía tan bien como para saber su paradero sin haber consultado a persona alguna sobre el sitio en que estaría el hombre, y que el paquete de veinticuatro cervezas era un presente similar al que se ofrenda a la divinidad para que se conceda su petición. Por el otro, sabía que lo sucedido con ese joven haría que saliera del claustro en que se imbuyó por meses. Bebió un largo sorbo, acumulando las energías para lo que de ahí en delante sucedería, y dijo:
-We, agradezco que hayas conservado el anonimato de mi paradero todo este tiempo, tanto como de los secretos. Sé bien que no has venido a pedirme nada, que esta cheve es de compas. Pero se ha traspasado una línea, y esa línea está dentro de mis fronteras.
-Lo mejor es no moverle.
-Algunas veces es imprescindible dejar de lado las preocupaciones para arreglar los desmadres. Y tú, Fercio- el joven sonrió y el hombre se le unía antes de continuar-, eres fuerzas especiales. Nadie toca mis instrumentos sin pagar el precio.
Aquellas palabras destrozaron la tranquilidad que los había envuelto al haberse visto una hora antes en la entrada del conjunto habitacional. La satisfacción del reencuentro esa noche se nubló por realidades del pasado, y ya los días perecerían si llegaran a olvidar lo que dijo el hombre después de beber de su cerveza:
-En el mismo silencio con que me cobijaste se guardará tu nombre en lo que de ahora en delante suceda. Estás separado de la situación.
El joven enmudeció y sobre su rostro cruzaba la expresión de duda propia de las sentencias que han de reflexionarse. Luego de sopesar las palabras en la balanza de la inquietud y el sosiego, para romper la tensión en su ánima dijo:
-También traje tu encargo. Lo dejé en el carro.
-Muchas gracias. No te imaginas lo que vale una buena dotación de whisky en las montañas cuando se está solo. ¿Cuánto te debo?
-Éstas corren por mi cuenta.
-No inventes, Fercio. Es una lanota. Aparte, con eso de que te quieres matrimoniar- ambos rieron levemente-, te hará falta.
-Así déjalo. Lo aceptaré como dote. Ah, no, ¿verdad?; eso es de los papás de la novia- después de recuperar el aliento por una carcajada en los dos inquilinos de las tinieblas, entrechocaron las botellas.
-Un brindis por los elementos que parten al más allá para preparar el camino en terreno hostil hasta que llegue mi arribo. Cuidaré su retaguardia.
-Mi retaguardia es lo más preciado.
-Por suerte cuando me visita la muerte tengo a mano el cuchillo para cortar la soga.
-Te lograste zafar…
-Por siempre.
-Ha de faltar poco para que tropieces con la misma piedra…
Caía la botella de Corona de la mesa al oír eso, y en el aire la tomó el hombre con la mano derecha, bebió de un trago el resto, y enunció:
-Como special forces soy el primero en llegar y el último en partir. No será fácil mi ida. Primero dos batallones y un pelotón de francotiradores he de llevarme a mano limpia y con los ojos cerrados.
Repostaron las bebidas entre risotadas, y decidieron entrar en el apartamento porque la lluvia comenzó su azote sobre las superficies. Retumbaron los cielos, el viento se movía a bocanadas, y no hubo aviso de la inminencia por hallar refugio; ya no era sólo por la lluvia. Mas por un minuto el hombre se quedó de pie en la terraza, observando los cañones de acero, las paredes de luz, las cúpulas de las cinco iglesias en el centro histórico; cada una con su campanario en sosiego; las luces rojas indicadoras de las antenas de radiocomunicación, los tanques estacionarios de gas, los contenedores de agua, el edificio de la compañía telefónica, los nogales, sabinos, bambúes, pinos, la hilera de faroles en las calles, el grisáceo del cielo confundiéndose con cada componente de la panorámica, sintiendo la frialdad de su cuerpo expuesto al agua, consonando con el tacto sólido de la botella en su mano, con las ideas que vinieron a su mente, las efectuadas años atrás y las que debía de realizar; aquello era el bautizo de su reentrada a la civilización de la que debió huir.
-Métete.
Y en silencio el hombre fue hacia la voz que cargaba el paquete de cervezas. Ya en el apartamento el joven comenzó a cantar mientras escogía música de los estantes de discos compactos.
-¿Supiste lo de Karina Montero?- escogió un álbum titulado Enema of the State.
-Oí algo.
-Pobre-. El hombre tomó asiento sobre un banco de plástico, mientras su amigo hizo lo propio con el equipal.
-Desgraciada.
-Pobre desgraciada.
-De perdido lo hubieran hecho en seco. ¿Para qué mantenerla en vela si ya estaba fichada?
Colocando a Blink 182, Adam’s song, ambos manipularon las emociones que se descosían de sus entrañas. La adolescencia, la época de arrojo y valor desmedido entrelazado a la incertidumbre del porvenir, renacía en sus almas; nada importaba y todo importaba al mismo tiempo, de ello no podrían enajenarse hasta acumular sufrimientos y decepciones, placeres y chicas, insomnios y sueños. Si fuera tarde y de noche, no les importaba lo que sucediera, su conversación ameritaba la expansión del encuentro. Luego vino All the small things. Minutos más tarde, ya con la mitad de las cervezas vacías, cambiando a Cadetes de Linares sin volver a la plática sobre los Estatales, el joven dijo:
-Deberían componerte un corrido.
-Sólo si hablara de…
-Viejas de secundaria quitándose los calzones- alzando la cerveza recién abierta.
La risa en ambos continuó durante dos minutos.
-Fercio, me conoces muy bien. Recuerdas esa morra de la que te hablé.
-¿La del casorio?
-La mesma. Pues ya te la sabes, sólo a ti y otros cuatro compitas; Alonso y Los Cobra; les conté del evento para que fueran, y neta que si se armaba no había pedo, ya que si no me latía y me hacía uno con el viento, desaparecer, pues ya corría por mi cuenta; ya ves que se me da; pero el chiste es que nadie de la familia supiera. Pero si todo iba bien, ya sería…- detuvo sus palabras, y una que termina en zeta se le iba a escapar, pero la detuvo en la garganta-. No importa ya… No quiero pensar más en eso… Puedo recordar todo el itinerario de esos cuatro días, los horarios, lugares, climas… pero… No se compara con Rubí.
-La…
-Ni lo digas, que los muertos pueden revivir- interrumpiéndolo, bebió todo el contenido y remplazaba su cerveza, dejando la mirada en un punto que parecía atravesar el muro de la habitación.
Un amplio silencio ofuscó las carcajadas que hasta ese punto habían compartido. A la mente del hombre vinieron un sinnúmero de temores, de anhelos, todos enterrados en el ayer de los días pasados junto a Rubí. El aroma de su piel, la voz suave, la variación de tinte en su cabello, la serie de lunares que aparecían sobre su piel blanca, el vestido de graduación color fucsia, las promesas; algunas rotas, otras inconclusas, pero la mayoría en pie de guerra; las fotografías, el bote de proteína donde guardó objetos para que fuera una máquina del tiempo enterrada en lindes lejanos, las frases en cartas y recados, los barandales negros de su hogar, su cuerpo de cintura pequeña con pechos voluptuosos, la hora en que su madre le llamaba a ingresar en casa, las veces que bajo la lluvia la poseyó, el color ambarino de su mirar, esas ocasiones en que la amaba con locura, la locura con que se atrevió a desnudarla, el ser la primera mujer que amó, los sitios públicos en que lo realizó, el disco de Zurdok que colocaba en el estéreo de su alcoba para atenuar los ruidos sobre el colchón, la caricia que ella efectuó con las puntas de sus dedos sobre su rostro rasurado el día después de Navidad, esa llamada telefónica donde ella contestó y su boca estaba ocupada en darle placer durante las pausas, la invitación a quedarse en casa de su abuela, el amanecer que presenciaron en un taxi, la fiesta de quince años donde ella jugó con las manos bajo la mesa, Galleta, la biblioteca, su gusto por el tacto de la almohada, las veces que la maestra de inglés hizo posible que se conocieran y fueran equipo de dos por diez ocasiones, los lonches que le preparó para el trabajo, la silla de la universidad que quería robar para usarla de un modo secreto, el verse juntos al desnudo sobre el espejo, abrazarla, besarla, labios inolvidables, haberse levantado de la mesa para ir con ella a la pista durante la graduación al verla sola mirando a todos lados cuando los padres fueron a bailar con sus hijas, el medicamento a base de miel y propóleo que su madre le dio al oírlo toser en la banqueta, las veces que caminó tres kilómetros de un hogar al otro pensando que valió la pena, las conversaciones afuera de su casa hasta entrada la noche, cuando la topó en el autobús, Nico, la casa de infonavit que su madre tenía donde se citaron una noche y que ella llevó toronjas y cobija, sus niñerías, las películas, el collar alrededor de su cintura, los cines en donde una mirada anónima presenciaba su arrojo, las llamadas telefónicas y los mensajes al celular, el recordar su número de memoria, tornasol, el significado del código, el relicario de oro blanco que le dio luego de guardar el dinero de dos quincenas, las lágrimas que derramó durante su graduación en donde bailó con ella, los regalos que se efectuaron que incluyeron celulares y casas de campaña y discos compactos, la afrenta que un familiar hizo ante ella de la que la defendió, Sarah Mclachlan, Weezer, EL LUGAR, pero sobretodo saber que aquello era una parte adherida a sus palabras hirientes, el oscuro pensar que lo invadía, sus contradicciones, los cuarenta kilómetros que caminó por la carretera para alejarse de ella e iniciar una nueva vida, el retraso crónico de hasta hora y media, la intranquilidad anímica que pasó fumando en el patio para distraerse del sentir, el numerar los hombres a quienes les abría la puerta de su tiempo, los secretos, las deducciones obvias de las que destacó que había probado drogas ilegales, su eres muy perspicaz, el suceso del concierto de Café Tacvba, los llantos silentes, el saber que madre estaba al tanto… Nada de ello diría el hombre, pero lo sabía.
-¿Sí te conté?
-¿Qué cosa, Fercio?-. Se incorporó y abrió la ventana cancel de par en par. Sostuvo el cuerpo erguido en dicho punto, pidiendo que colocara el disco de Zurdok.
El joven comenzó a mencionar que Rubí fue exiliada de la casa de su mamá, que vivió un tiempo con la prima, y que incluso de ese hogar de cuatro también la corrieron con todo y pucheros.
-No mames, ¿neta?- volviendo a su asiento.
-Sí.
-La verdad sí me imaginaba que andaba en malos pasos, pero tanto así… El caso es que… ¿Cuándo pasó?- renovaron botellas, y el hombre le adelantaba por cuatro.
-No recuerdo. Más o menos como un año y medio, o dos.
-Por ese tiempo tuvimos contacto, y me dijo que había tenido problemas, que por eso no se había comunicado-. La realidad era que el hombre pensó: “Si es lo que busca; su perdición; es cosa de ella, ya no tengo qué ver con su vida ni debe importarme”. Pero en el fondo, muy en lo profundo de los secretos, se preocupaba por ella y haría lo que fuera necesario por extender la ayuda que The Beatles pide en la canción de Help-. Fíjate lo que son las cosas. Siempre estuve con esa certeza de que su incursión en las drogas la llevarían a problemas familiares. El único problema es que, te aseguro, ni con eso que le ha pasado entiende o agarra el hilo de las consecuencias. Podría decirte que me alegro por ver que en realidad tuve razón en aquel año, hace siglos, en que mi corazón le pertenecía y se lo dije, le advertí, pero no, no me alegro, la realidad es que estoy neutro.
Tras un minuto de silencio, el joven dijo en voz átona:
-Salud.
-Salud.
Entrechocaron las cervezas y el hombre se dirigió de nuevo a la única ventana que daba al exterior, dejando que el aire frío del pasado recorriera su piel con antiguas remembranzas y vivencias. Ningún amigo, en meses, lo había acompañado a observar la panorámica que desde ahí reinaba, mas no era por soledad, por carecer de amistades, sino por la precaución que hubo de tomar tras un suceso que lo alejó de todo contacto humano, civil, fuera de Fercio.
-Oye, tengo ganas de manejar tu coche, está con madres.
-Corre chingón- contestó Fercio.
-¿Qué te parece si damos una vuelta? No es de a huevo.
El joven, en su semblante, estaba expresando que pensaba en lo prudente de dicha invitación, luego dijo con júbilo:
-Va. Pero aquí cerca. Y primero bajamos tu encargo.
Sin importarles el estado meteorológico se dirigieron al coche, un reluciente, blanco, casi nuevo, Mazda 3. Habían transcurrido un par de horas, más la media de chistes y risas, para cuando vislumbró el cuarteto de ojos el coche. Prepararon el paquete con las botellas de whisky, lo llevó el hombre a su apartamento, para pronto subir de piloto al coche. Ya dentro, metió la llave en el orificio de encender.
-¿Qué pasa?- preguntó el joven al ver que no arrancaba.
-Men, gracias por todo. ¿Cuándo te casas?
-En abril del otro año.
-¿Harás despedida de soltero?
-Claro, y estás invitado. Sólo que no lleves a tu harem de bailarinas turcas menores de edad.
Sin reír, el hombre, con la mirada al frente, dirigida a una gota de lluvia que velozmente caía unas siete cuadras al frente, contestó:
-Fernando, cuídate, hay retenes- abrió la portezuela-. Ten- dejó un par de billetes con Miguel Hidalgo sobre el freno de mano, para luego descender del coche y dirigirse al complejo de apartamentos.
El joven no supo qué pensar, a su mente vino el cúmulo de hechos que en alguna ocasión, cuando el hombre pidió su ayuda para desaparecer y encargarse de sus asuntos en la ciudad, le contó que había realizado. “Le vino de nuevo”, pensó, luego descendía del asiento de copiloto, subió al coche para conducirlo, y tras ver que la espalda del hombre de playera azul se difuminaba detrás de los vidrios en la puerta del complejo, encendió el coche y partió.

El hombre, sin mediar palabra, ascendía con suprema lentitud los cuarenta escalones que separaban la calle de su alcoba, el refugio, y su sombra se retuvo en las paredes interiores que le darían cobijo esa noche, dejando la vista sobre el diploma de detective enmarcado; que no es más que un recibo del Seven Eleven al que acudió a comprar los primeros cigarros después de una temporada de intenso entrenamiento con ex militares. El mundo a su derredor seguía con los mismos rituales diarios, sin detenerse a extrañar su existir, su memoria, su pasado. Girando la mirada hacia el escritorio vio encima el rompecabezas unido sólo en las orillas; restaba el interior de las mil piezas.

lunes, 1 de julio de 2013

EL VINO DE JUNO


¿Qué vino servirás en mi copa,
vida
si en cada año has cambiado de aroma y cuerpo?

Nunca se llena hasta el borde,
debe permanecer en el punto convenido
para que aire y temperatura
anuncien tu sabor.

No importa, lo bebo,
no interesa tu respuesta:
Contemplo y recibo cada sorbo
sabiendo que desde su cosecha se modifica la esencia.

viernes, 28 de junio de 2013

LEJOS DE TI


 
La cumparsita 
Querer y odiar, solemnes palabras unidas con sangre.
Adorando el futuro y el pasado,
brota el final de la vida, el fin del hambre.
El inicio y el fin en un mismo paso.

Suspiro pequeños momentos de mi ayer soberano.
Te vas convirtiendo en recuerdo,
lo inútil de lo que no es cercano,
de las palabras tuyas antiguas, en un recado.

Beber y fumar, actos sublimes de mi soledad.
Vuelve la mente a un diluido ayer,
donde crece un río, con gran tempestad.
Un trueno que te invita conmigo, para ir a comer.

II

Entonces, ¿por qué dices que sí a mis elogios,
que una limonada bastará para los árboles,
o que te marque para ponernos de acuerdo?
Es una infame palabrería de un enredo.

El fuego flota y el humo desciende hasta mi espíritu.
Y tú, contenta con la distancia que corre,
la que dispara tus flechas de ausencia.
Me corroe, me mata, me aniquila tu perfume.

Vuelve por el camino que te vio partir,
y dime lo que creo querer escuchar:
Que el odio no se une con querer,
y que sin querer te fuiste sin mirar
atrás, a mí, a la película que habremos de filmar.

Una canción remota has de silbar caminando.
Eres el cuerpo del tiempo,
el anillo en mi dedo, el deseo de mi andar.


Soy el imán del silencio, y los sonidos continúan.