sábado, 27 de abril de 2013

Dayana Sure

Hemos invadido el rincón entre el ayer y la resaca con frugales diálogos que se mezclan en nuestra noche. Sin conversar entendemos lo que somos, y fabricamos el arte de reconocernos con la piel...
The day after
Edvar Munch

miércoles, 24 de abril de 2013

Hace rato...

Le pedí a la estilista, expresamente, que realizara en la cabellera de mi prometida el peinado de Adele que tiene en el video de Rolling in the deep. Así sería lo más cercano que estaría feliz mi alma de casarnos.

domingo, 21 de abril de 2013

SAL DE ALMÍBAR




Sal de almíbar tiene su voz
que el viento escribe hacia el horizonte
y me escucha
me habla
los pensamientos.
Souvenirs de su piel férrica
coloreados en verde mate
cantan las diferencias
en el peso de una tecla
sostenida
por su mano.
Por la calle mezcla su melodía
hasta silenciar coches y transeúntes:
Vino a conocer la magia de su misterio
observándola como a un espejo:
Y su silencio es infinito
no hay distancia que la detenga
ni edades que la numeren.
Puede desaparecer multitudes
al igual que convocarlas:

Sal de almíbar:
habla con las manos.



viernes, 29 de marzo de 2013

extracto de "La casa a mitad del camino"



Toda la temporada de Friends estaba en tu estante, colocaste un DVD al azar y tras pulsar unos cuantos comandos fuiste al baño y por un vaso con jugo de naranja. Desde la cocina escuchaste el tunturu-rutu-tu-tun-tun, tunturu-rutu-tu-tun-tun. De inmediato te congelabas. El diploma de detective desapareció de la pared, los músculos se pegaron al cuerpo para dar la apariencia de un enclenque, la sala de estar ahora era tu alcoba pintarrajeada con frases en las paredes, los aparatos de ortodoncia volvieron a tu boca, en lugar de tener pendiente la revisión de las fotografías de sospechosos sobre la mesa tenías en mente la tarea de Geografía; la que no harías; y sobre tu alma escurrió una melancolía perteneciente a otro ser, uno que hace tres lustros dejaste dentro de una fotografía. Al instante también recordabas que de todas las mujeres que ese mes habías visto; entre tanto; ninguna mencionó a Phoebe, ni aRoss, ni a Joey, que incluso ni oyeron su How are you doing? Aquello era en verdad morir, encontrase con otro mundo desconocido donde no cabían tus alegrías, placeres, recuerdos.
-Lo que soy excede el presente.
Dejamos intacta la bebida sobre el mueble de televisión. Los diálogos que alcanzaste a enroscar en el oído se tornaron en una conversación familiar, mas no le pusimos atención. La edad nos llegaba desde todos los flancos, desde la retaguardia, hasta hacer que la bayoneta se deslizara desde el fusil hasta el estómago: el vacío no podía llenarse con jugo el naranja, sino con alguna de esas personas que en tu adolescencia hubieron visto dicha serie.

jueves, 28 de marzo de 2013

HE DE MORIR BEBIENDO-TÉ (extracto: "Cansado de despertar")


He de morir bebiendo-té
alzando al humo las plegarias
agotadas hasta los huesos
de resentir tu frialdad.

Planto lunas en los cambios de estación
y los rieles siguen esperando
boletos y dulces en tu bolso
para llevarnos hasta la muerte.

Generaciones nos soñarán
sin que ninguna nos pertenezca.

Aquí parto el idilio marinero
adentrándome en la niebla
donde olas crecen
rompen mis rostros
y regresan
al puerto Doblado
con Manuel
una reja de casa rosa





mas un retrato por mi mano dibujado.

Cerrojos.
                            No hay cerrojos
sino:
Cerrar los ojos.

domingo, 17 de febrero de 2013

Domingo


La ventana se satura en el viento de tu mirar
perder, encontrándome en la infinidad de la memoria
donde cada tarde de domingo
oigo tangos y rondas, boleros y sinfonías
hasta que gires de nuevo tu residencia en mi domicilio,
y al decir que no te vayas
resuena mi voz en la maceta que te di
la que puse en la puerta de tu alcoba
como testigo coloreado de tu partida sin retorno
a un mar del otro costado de la vida
donde he muerto tantas veces
donde tu pecho palpita de mañana
donde, sin buzón, he repetido mis cartas sin postales.

sábado, 2 de febrero de 2013

Extracto de A. L desclasificado

BALA DE ¨PLATA


-No entiendo cómo es posible que se vayan a la cama con una mujer horrorosa y gorda.
-Así pasa.
-Pero no puedo concebirlo, ¿entiendes?
-Mira, cuando uno está borracho, no ve las cosas tan claras como tú ahora. Si está lo suficientemente solo y caliente, busca cómo deshacerse de su estado.
-Explícate, André.
-Imagina que has estado caminando en el desierto bajo el sol por cinco días. Luego de todo ese tiempo, se te presenta una charca, y por supuesto que está sucia. Eso no te importa, lo que quieres es agua, beber.
-Osea que las putas son como agua turbia.
-Exacto- dijo André-. A mí lo que me molesta es ver a las personas calentar palomitas en el microondas de su casa para luego ir al sofá a ver tele-. La mujer rió.
-¿Por qué? Me vas a decir que no te gustan las palomitas o ver la tele.
-A lo que me refiero es que no soporto olerlas, sabiendo que ellos estarán por horas y durante años sentados en una postura inmóvil. Día con día se llevará a cabo la misma acción. Me repugna. No hacen ejercicio ni salen. Inmóviles como estatuas. Es como si vieras niños sucios, con lodo, comiendo dulces y que suben en auto de lujo. Imagina lo que harán ahí y cómo dejan el interior. Pues bien, ahora imagina que eso sucede día con día, y no existe persona, menos esos chiquillos, que limpien el desorden. Por supuesto que será un asco. ¡Me repugnan!
-¿Los niños o las personas que dices?- preguntó tras reír.
-Ambos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Fragmento de: ¿Quién era esa persona?



-Más whisky y menos hielo, por favor- dijo el otro hombre mientras se preguntaban los dos si la llamada del número desconocido era de Valentina. La habían conocido tres días antes gracias a una mentira.
“Si tan sólo un fragmento pudiera conservar…”, enunciaba de fondo el cantante de Moenia en el estéreo del local de café.
-¿Quién sería?
-No sé, we, pero ya lleva días marcando. Oye, creo que ya tengo novia.
Mauricio rió antes de mencionar: Si dices creo, ha de ser ella. ¿Cómo estuvo?
-Es que ayer en la peda…- Mauricio volvió a interrumpirlo con otra carcajada.
Después apareció Sexo pudor y lágrimas, y eso terminó de sellar la tarde con la melancolía de sentir que la amistad permanece en la lejanía de mencionar un recuerdo y describir las novedades acontecidas en veintidós horas. Tararearon el estribillo.
En su camino a casa todo era Nothing else matters, con Apocalyptica, consonando su sentir, su estar, su ser, todo calibrado para esa hora.

viernes, 19 de octubre de 2012

***

ANTES DE ANOCHECER…

Estábamos sentados frente al monitor,
                                                                   ¿lo recuerdas?
Ni Kurasawa ni Yoshimoto,
ni Kawabata ni Murakami
nos distraían de observar el contorno que nos limita,
divide, retiene,
                         sin explicar las dimensiones en que nos determinamos.
El cloro en tu cabello le dio una apariencia que no veía desde mediados de los noventa.
Irracional, impalpable,
                                      transmutabas mis memorias en un concierto de palabras.
Imposible describir las cuarentaicinco soluciones que le encontré a tus uñas.
Hemos vivido tantas muertes que ahora somos indestructibles,
y nada hay de niños en nuestra infantería:
Como deseo que el río desfile por mi tetera
…  mientras espero
                                                                              el arribo de mi cuervo.

El cerezo que florece al centro del cuartel




sábado, 1 de septiembre de 2012

LUZ APAGADA



Eras una niña cuando apenas te descubría.

Te aprendí al ser todos los verbos.

De mi boca despertabas en presencia de las otras, bocas,
y no había otra sombra que tu hueco.

El espacio entre las plantas dio fruto en el desierto
que se extendía en todas mis latitudes.

Insistimos en permanecer y perecimos al comprender
que la minuta del santuario era unirnos.

Ponle un nombre a mi retrato y una vela al fallecido
sentir, querer, amar sin ataduras.

Fuego, lumbre, llama, chispa;
cada palabra dicha se consume.

domingo, 5 de agosto de 2012

FOTOGRAFÍA




En tu fotografía no se capturaron los movimientos del aire cuando me contabas de tu vida, abuela. La bandera en tu rostro y cuerpo ondulaba con las tardes que consumíamos mientras permanecía la marcialidad de tus actos. Escrutinio la memoria en busca de la figura con que decidiste dormir, pues sólo así el infinito pudo contenerte, abuela. Tangos y boleros, canciones norteñas y de salsa te alegraron, tanto como Pedro Infante con sus películas; Los caminos de mi vida puedo oír. La radio encendida desde el alba fue aviso que vivías, y en el dial detenido giraban las horas con el tono de tu voz. Me hacías carne con hueso llamada también chuleta, poniéndole mucha cebolla porque el niño lo pedía. Si te recuerdo a dos años de tu muerte que no lloré es porque así eres, eterna, impalpable, con el fulgor de la oscuridad que todo muestra si se tiene la intención de cerrar los ojos y abrir los sentidos ocultos. Pude salvarte y no lo hice, y cedí al miedo, cedí porque no quería una parte de tu rompecabezas ni el cuadro incompleto, sino el panorama de que soy color y flujo. En Chela apareces y te sueña, también habla los recuerdos en silencio. Martini Martha quisiera darte otra cerveza y pelear con sus hermanas con el pretexto de que un placer nunca se niega, y echarle la culpa a José Luis por cualquier cosa que se le venga a la mente. El último día que te vi me despediste, que me fuera bien en la escuela, mas yo no sé en qué desperdicié la mañana en lugar de preservar tu integridad por llevarte al médico. Bebiste café con tu pan dulce, no podías caminar, pero a todos nos reconocías. Llegabas sin aviso gritando por madre, alargabas la letra final como si ese suspiro fuera alguno de los que te sobrevivimos; Chelaaaaaaaaa. Tu sombra ahora camina y aprende a hablar sin tener noción de que en tus brazos durmió. Idolatraste a mi novia que ya no era, y preguntabas por su familia y su rostro ausente, mas yo odiaba escuchar que era la más hermosa, oír que tenías razón pero que la herida no sangraba ni cedía, manteniéndose en la nada de mi espíritu. Cercené tus ajos y los tiraba al suelo para jugar, mordía y cortaba los helechos de tu casa, echándole la culpa al perro en turno que era más listo y en dos patas hacía lo que yo quisiera. Pero pudimos compartir cerveza clara, ¡sí señor!, compartir lo que los verdaderos amigos hacen. Siempre me enojaba que fueras a donde los demás quisieran en lugar de dejarte ser la esencia de que provenimos. Creíste que con poner un hueso al salero tío Neto que suena a tío Kallo dejaría el alcohol, desconociendo la raíz del brebaje. Por más de diez años fotografías de padre estuvieron bajo los cojines de los sillones, y me comentaste que sería el as bajo la manga cuando una persona de mi casa tuviera novio. Padre te saludaba con un poco de recelo y lo veías a escondidas desde tu centro de mando. Pasar la tarde en el jardín de enfrente o en tu sala de estar era tu ser, tanto como hablar con cualquier vago y escuchar su existir; a tus barandales aún llegan preguntando por ti. Las tortugeras te sobreviven, abuela, tus Coca-Colas chicas siguen en el refrigerador. ¿Qué tanto es una? De algo me he de morir; tus frases imperdonables para el médico que aplico. De tu juventud me enamoré y en mi juventud perdí aquel primer amor, abuela, ya casi nada queda de nosotros. Pensar en ti sólo es posible con un rollo de papel a la mano y mil vasos con hielo; por eso casi no lo hago. ¿Para qué querías televisión con cable si tenías el universo de tus recuerdos por proyectar una y otra vez? Es por eso que digo que viviste. Creo que en todas tus décadas fui el único que te llevó serenata, sí, la primera que hice y yo mismo te desperté y canté y mis amigos me preguntan todavía por ese diez de mayo, abuela. Querías comprar un carro y que te enseñara a manejar, dar una vuelta a la ciudad, mas mi sueño era llevarte caminando por las Alamedas si es que tu cuerpo no se quejaba por las experiencias acumuladas. Enumerar los instantes que te pertenecen es pelear con el viento, el mar embravecido, el ciclo del día y la noche, todos reunidos para contener lo que no se puede sostener. Un día te pregunté que si apareciste en películas, no sé la respuesta pero para mí fuiste todas las actrices de los cuarenta. Entintaste tu cabello con la dedicación de las monjas al celibato, y tu ordenanza era acudir a misa en cualquier sepelio. A mi mente viene la foto donde cargas flores al panteón y luces triste y pienso que en tu mente se dibujaba tu falta de aliento, el hálito extinto. Somos una vela que se apaga según la candela y cera de que se compone, donde en algunos es flamable y en otros frágil. Tu agenda y tus cartas, tus llamadas a Celia y la comida pasada en tu refri son mis recuerdos, abuela; mando cartas a quien quiera por vivirte y traer el tiempo que viviste en donde no vivo. Nos llevaste del suelo a la cima y en ti nos sosteníamos cada Navidad. Fuiste la hoguera en que los cazadores se reunieron. Tu esposo dijo que te cuidáramos porque fuiste lo mejor para él. Ya de tus dulces no pruebo pero saboreo tu dulzura, abuela. Luisito ya no lleva huesos pero tus perros comen, ladran y resguardan tu memoria. En el barrio de Analco nada acontecía sin que tu ventana lo supiera. Más de ocho décadas se dicen fácil y nada fácil tuvo tu vida, abuela. Soportaste nuestro vicio con la dureza de la mujer chapada a la antigua, y todo nuevo hay en ti, abuela. Te gustaban los masajes y los alcanfores, y hasta creo oler los aromas que tu piel contuvo para jamás perder la belleza. Nada es un ramo marchito en tu cama si no se lleva tu palabra a países que desconoces. De tu origen humilde se enorgullecen nuestras almas, abuela, no cabe duda que te recordamos. Las Navidades no saben a verte beber ponche ni la calle Belisario es sin que tu presencia se mantenga en los barandales, viendo las posibilidades que caminan y beben, las que manejan y entran en el mini. Tu alcoba no existe pero permaneces, abuela, hemos cambiado siendo tuyos. Si te lloramos es sin dolor sino con alegría, la dicha de tenerte donde no podemos. Yo quiero el humo, la ceniza y el fuego, tú querías los canarios y reunirte con tus hijos en tu soledad. Al quien lleva el periódico le dije de tu sueño, y ya sabía y nos deja aún las noticias, no te preocupes. Lo único que no entiendo es por qué estas durmiendo lejos de tu amante, quien te amó como a nadie. Si un modelo a seguir son ustedes, árboles milenarios que las décadas consumieron. Irma nos cuida y Freddy se ha casado, Raúl no sé qué onda; qué más puedo decir. Mi violín sigue vibrando, abuela, no habrá vocablo ni verbo sin que te escriba. No sé qué sea esto pero quise hacerlo, abuela, Lucio aún provee Coca-cola. Es más largo el silencio que la vida. Que lloren los que sepan lo que digo, una lágrima es la candela de tu fuego. Podría estar toda la noche escribiendo de ti, pero sé que quieres que viva, abuela. ¿Qué son unas palabras junto a los rosarios en tu cama y los dulces de licor? Sí que te gustaba el alcohol. En mi vaso de vidrio cortado hay whisky con hielo, abuela, elixir de la voz sincera que te recuerda. Tus alhajas se reparten y quisiera que una perteneciera a mi esposa. No has de haber oído de Han-Na Chang, pero con ella me adentro en ti. Varios días me cuidaste en lo que madre venía, y aún pienso que debí estar con madre en lugar de con la abuela. Moriste de pronto, la mejor manera de hacerlo; hasta el fin tuviste gracia. Esto es lo más largo que he escrito en un año, y es porque no había otra cosa de qué contar sino de ti, abuela.
Ya el sol no asoma en mi cochera como cuando me enseñaste a decir su nombre, abuela.
Ahora tu rosario va en mi mano y aún no comparto tu credo, abuela.
No eres ni fuiste abuela, sino Mamá Quina, que el mundo lo sepa, primera madre de los que te piensan.