sábado, 5 de mayo de 2012

el dormir de los moluscos (2)

Nos debíamos el mundo. La deuda adquirida en su visita fue así de intensa. En recompensa, también infinita era su trascendente estela. Ya las horas no eran horas, y el destino cerró sus puertas. En el intento de permanecer inerte perdí los estribos, las riendas, y ¿qué se hace cuando no se ve el camino ni se siente el suelo que se supone que pisas?
"Somos el día y la noche sin poder vernos... "

miércoles, 28 de marzo de 2012

23 de marzo, 2012



Frío de tus besos fríos
estoy a la intemperie de la falta de tus brazos
y en tu piel recién horneada
se alegra el roce de mis latidos mudos.
Linda flor que mi abismo colinda
voy embriagando los vientos que te cubren.
Sea tu sueño sereno y mío,
sea tu cuerpo más mío que ninguno.
Extraño tu imagen, tu silueta extraña,
ajena del mundo que sopla por matarme.
Acabo de cruzar tu voz al eco
reuniendo los fuegos a tu mirada eterna;
y cuando la palma ensombrece geranios
escapa tu recuerdo para venir de lejos


.

miércoles, 25 de enero de 2012

Andrómeda


Se oía el viento sobre los árboles
y las ramas acariciaron el cielo.
Cruzaba una bandada de aves sin nombre
rumbo a un pueblo desconocido.
Fue ahí donde dos piedras se desmoronaron
para viajar juntos al infinito;
no conocían lo que era ser oro
ni las estrellas les dijeron que eran diamantes,
sólo iban caminando sus raíces
hacia un mar en que nadie se ha sumergido.

***

A cinco días de distancia
   un par de botones se descosieron.
Girando en el suelo de vidrio
   vieron su reflejo en el otro.
El nuevo siglo los tomó entre sus tiempos
   y fue cociéndolos con su hilo de plata
a ese traje divino
donde las sombras transforman el azúcar en vino.

sábado, 21 de enero de 2012

Necesito algo tangible tuyo conmigo
para poder guardarlo bajo cerrojo
y sentirte cerca cuando estés lejos,
y poder matar los fantasmas que me despiertan
cada vez que intento recordarte.

miércoles, 11 de enero de 2012

Al término del otoño



Al término del otoño regresan las ondas de tu pelo,
el incienso en tus ojos y tu voz perfumada de lamento.
Para entonces yo era otro, distinto al tiempo
en que silencio y orden eran régimen fuerte.
Habíamos operado en la vida el cuerpo de lo inexorable,
cual si fuera el mismo corazón del mundo.
Oí sin querer tu explicación de porqué la distancia te multiplicó.
Y nada de aquello era verdad, lo supe,
y nada de lo que sonaba te creía;
habíamos convertido nuestra ausencia en fruto,
éramos nutrientes para una nueva alma.

sábado, 7 de enero de 2012

NIÑO DE VIENTO



Te has cubierto con la armadura de las estrellas,
miras el techo del firmamento
y enciendes los cuadros de la pared.
A tu derecha descansa el futuro,
en la siniestra dejas el pasado,
detrás de ti van los gestos ocultos
mientras al frente se amontona el silencio.

Del otro lado de la noche te habla una joven
quiere conversar su empaño con tu recuerdo
y decirte que el calendario está intacto
desde el día que dormiste para soñar con ella.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El ocaso del suspiro



En las vetas de la tierra se fundó su destino.
Antes de alba desperté con la intensión de hallar tu camino.
Yo era un ritmo sin cuerda,
eco perdido en la innumerable marea del tiempo.
Partí, colocando un Mala en mi muñeca de vidrio
mientras la noche se descorría para volver a soñar.

Pasaron sinfonías durante el asfalto
hasta que en una meseta ascendí a las nubes.
Dentro de la niebla me rodearon las angustias,
y cada sentir era extranjero como yo en el sitio.
Jamás estuve tan cerca de la lejanía.

A mi derecha se alzaba la estrella para contemplarme,
y cerca del corazón sostenía las tinieblas
hasta el momento de volver al nido.

Sin conocer el camino transité hacia donde
tu sueño despierto habitaba el oro y el cobre,
las grutas en el suelo extinto, las minas de estrellas
en cavernas de agua con estatuto abandonado.

La carretera solitaria, vida de incontables muertes,
es hálito que amaina cuando se descorre bajo los pies.

De guía mi instinto, de mapa el sentir.
Sólo me escoltaron las latitudes de mis ancestros,
numerando la distancia entre un vacío y la esperanza.

El sol ascendía a su campo de juego
y yo entraba, lento, en la montaña solemne.
Era ahí donde centinelas me vieron abrir mi cuestión:
¿Qué color tiene la casa del fuego?
La respuesta del monte fue que los galardones cernían
alrededor del cofre en que la chispa amanece.