Agua hierve en mi palma,
dátil
oscuro en sosiego.
A su
regazo mi taza va,
sirve
miel de su mirada.
Roja,
reservada y fría
rocía
estrellas como la sal.
Sol
maúlla sobre ventana,
sola
mi alma sin sueño.
Hay
que agotar las aguas
dejar
que evaporen mis desvelos.
Y a
quien soy de noche
hombro
y hambre, lloremos.
A
voz alta te queda,
corta
la palabra de auxilio.
En
mi tengo penitencia
y
tus llaves permanecen.
En
ti la melancolía
a tu
almohada tatúa mi rostro.
Oigo
que la guerra empieza
y que
juntos somos paz.
De
Lenin a Lennon el abismo
entre
tú y yo tiembla infinito.
Qué
muros construyes para contenerme?
Sobra
decir se levantan conmigo dentro.
Desde
oriente hasta Levante
procuras
mi boca a tu cuello.
Once
calendarios en hoguera
besos
y caricias milenarios.
A
dónde vas y me llevas?
Si
nunca alejados me olvidas.
Es
más rápida la lengua al hablar
como
permanente y corta sobre la piel.
Conozco
tus siglos y el idioma
cuando
en sudor nos enfrentamos.
La
puerta entreabierta no ve
que
a escondidas nos hallamos.
Va
tu mano en mi mano
van
latidos sobre el armario.
Nupcial
lecho en el suelo
tuvimos
el hijo sobre cama.
A
media ala recuerdo
la
llaga convertida en tu vuelo.
Efímera,
verde y tersa
andas
con el adiós del regreso.
Instante
tu voz fue reír
abrazados
en denuncias recíprocas.
Sirve
ahora el agua al café
después
del llanto, se ha enfriado.
